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Blog de Historia

Historia de México

El siglo XXI. Cambios políticos y económicos en México.

Los problemas en nuestro país son el resultado de muchos años de historia, que si bien, muchas veces olvidamos, son consecuencia de ella. Estas problemáticas son visibles en múltiples sentidos, derivando principalmente en una crisis económica. Desgraciadamente sólo basta con salir a cualquier calle para encontrarnos con alguna consecuencia directa de dichos problemas.

A pesar de ser innumerables los problemas; en mi opinión el principal es la educación, que tristemente podría decir, es lo último que se considera. Uno de los principales problemas consiste en la educación publica, en lo que destaca la obsolescencia de los planes y programas de estudio, falta de actualización de profesores, falta de capacidad para atender a la población demandante. Muchas escuelas privadas están más interesadas en el lucro que en el beneficio y la calidad que otorga a la sociedad, además de que muchas de estas escuelas son academias e institutos que no requieren validez oficial cuya educación impartida es de deficiente calidad.

El 7.8 % de la población de la población en México de entre 6 y 14 años no asiste a la escuela, de la población de 15 años y más el 10.6% es analfabeta, 31.6% no tiene la primaria terminada, y de la población de más de 25 años de edad solo 11.6% tiene un grado de estudios superiores.

Otro gran conflicto, a mi parecer, es la estructura del poder. El Estado desarrolla el papel de un gran empresario: todo el poder recae en el poder Ejecutivo, se da un extremo presidencialismo cuando el Presidente pasa por encima de poderes como el Judicial y el Legislativo, los cuales sólo obedecen órdenes sin cuestionar o impedir.

En consecuencia a lo anterior se desencadena el Neoliberalismo Mexicano con organismos financieros al servicio del imperialismo norteamericano, aprovechando la situación de crisis creada por ellos mismos al propiciar una política generalizada de endeudamiento, más allá de las posibilidades reales de los países subdesarrollados, particularmente de los de América Latina. En México a través de las llamadas cartas de intención suscritas por el gobierno y el FMI se adquirieron muchos compromisos, entre ellos la política consistente en deshacerse de las empresas públicas, la de establecer topes salariales y otras similares, todas ellas contrarias a los intereses nacionales y populares.

Sintetizando, podemos afirmar que después de más de tres lustros de soportar esa política depredadora que ha hecho más dependiente a México respecto del capital financiero internacional y a su pueblo más pobre debido a la cada vez más injusta distribución del ingreso y la riqueza, podemos afirmar que el neoliberalismo que nos fue impuesto bajo el supuesto de que a partir de él era posible superar la crisis de nuestro país, nos ha llevado a una situación insostenible que de agudizarse podría ser el antecedente de profundos levantamientos sociales de resultados impredecibles.

Además, otro de los conflictos más importantes por ser el generador de muchos más es la incapacidad que tenemos de reconocernos en nuestra propia realidad, o bien, tratar de vivir de una manera que no nos corresponde. Observemos nuestras leyes, nuestros sistemas de acción, nuestros programas de educación, etc.

Con relación al punto anterior esta el concepto que tenemos de modernización. Se cree que al aplicar un sistema de modernización se refiere a implementar nuevas tecnologías y copiar los esquemas de otros países de “primer mundo” pero realmente el término hace referencia a un desarrollo tomado como un progreso; para esto se necesita vernos desde dentro para visualizar nuestras fortalezas y nuestras debilidades y a partir de ahí poder evolucionar.

El no entendernos en nuestras propias debilidades y fortalezas, en nuestra cultura; el no reconocernos como propios y únicos; el no sacar ventaja de nuestra autenticidad, hace que no podamos vislumbrar el verdadero panorama, por lo tanto no podemos analizarnos, no podemos encontrar soluciones o respuestas, no podemos ir para adelante y siempre regresamos al mismo punto sin poder salir de lo mismo.

El hecho concreto es que continuamos en crisis, la cual sólo podrá remontarse si se le sustituye por un proyecto que, recogiendo las mejores tradiciones de nuestro pueblo y las más valiosas experiencias de los avances conseguidos a lo largo de nuestra historia, particularmente en el presente siglo, se articule tomando en cuenta las nuevas condiciones políticas y económicas del mundo actual y nos conduzca a un desarrollo económico con independencia del exterior y a la elevación de las condiciones de vida del pueblo. Un proyecto que nos permita transitar por el sendero que nos pueda llevar a nuestra liberación definitiva.

Bibliografía
Problemas socioeconómicos de México y sus soluciones. Méndez, Silvestre.
La Democracia en México. González Casanova.
INEGI. Censo General de Población y Vivienda 2005.

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iniciativa merida

¿En qué consiste la Iniciativa Mérida?

La Iniciativa Mérida (a veces llamada Plan Mérida o Plan México) es un proyecto internacional de seguridad establecido por los Estados Unidos en acuerdo con México y los países de Centroamérica para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. El acuerdo fue aceptado por el Congreso de los Estados Unidos y activado por el presidente George Bush el 30 de junio del 2008.

La iniciativa merida Mérida tardará varios meses para ser organizada e implementada. Entre las instituciones norteamericanas que estarán involucradas se encuentran el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia, el Consejo Nacional de Seguridad, el Pentágono, la CIA, la FBI, la agencia antidrogas DEA y por parte de México: el Congreso de la Unión, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Armada de México, la Secretaría de Seguridad Pública, la Procuraduría General de la República y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional:

Iniciativa Mérida: EU pone los dólares y México los muertos

E

n el contexto del regateo anual por el presupuesto para el año fiscal 2010-2011, el presidente de Estados Unidos pidió al Legislativo de su país una partida de 159 mil millones de dólares para financiar los conflictos en el extranjero, que son, primordialmente, las ocupaciones de Irak y de Afganistán; para mantener la intervención en el segundo de esos países, el mandatario demandó la aprobación de una partida adicional de 33 mil millones de dólares.

En el marco de esa negociación, Obama solicitó un presupuesto de mil 600 millones de dólares para reforzar las medidas de persecución contra los trabajadores migrantes, que incluyen, además de la conformación de bases de datos que permitan a los empleadores excluir del mercado laboral a los extranjeros sin papeles, la culminación del primer segmento de la barda virtual o frontera inteligente entre Estados Unidos y México. En ese mismo contexto, la Casa Blanca requirió la aprobación de 310 millones de dólares para destinarlos a operaciones antinarcóticos en México, en cumplimiento de la Iniciativa Mérida.

Resulta inquietante, por principio de cuentas, constatar que, aunque en una escala menor, la violencia que azota a nuestro país resulta para Washington un conflicto en el extranjero más, una suerte de Afganistán de bajo presupuesto, por más que el ritmo de decesos aquí sea ya equiparable al que se reporta en ese país asiático. La principal diferencia, aparte de las magnitudes presupuestales, es que Estados Unidos no sufre bajas en nuestro territorio, en donde los combates se libran exclusivamente entre mexicanos.

Con la connivencia de las autoridades locales, el gobierno de la superpotencia ha ido consiguiendo que su cruzada contra las drogas tenga lugar en otros países, preponderantemente en el nuestro. Así, mientras el tráfico, la distribución y el consumo de narcóticos ilícitos se desarrollan con normalidad y paz en las ciudades estadunidenses, en México la vida nacional se desbarajusta por el accionar criminal de los cárteles de la droga –no sólo por sus acciones violentas, sino por su capacidad de penetración en dependencias públicas, empresas privadas y toda suerte de actividades–, pero también por el empecinamiento gubernamental en combatirlos mediante una fuerza militar que, de manera colateral, atropella derechos humanos de personas inocentes y contribuye así al descrédito de las autoridades y a la crisis institucional por la que atraviesa el país.

México no ha terminado de asimilar el impacto de las masacres de jóvenes perpetradas en la madrugada del domingo en Ciudad Juárez y Torreón cuando se anuncia una nueva ejecución múltiple, otra vez en Juárez, con un saldo de cinco muertos y seis heridos. En tal circunstancia resulta imperativo que la sociedad, acosada y desinformada sobre los alcances, bandos y propósitos reales de esta guerra sórdida, exija a las desbordadas autoridades eficiencia en las investigaciones y ubicación, captura y presentación de los responsables, pero, sobre todo, una mínima eficacia en el cumplimiento de la tarea del gobierno como garante de la integridad física de los habitantes.

A juzgar por resultados, la aplicación de la Iniciativa Mérida se ha traducido en un sostenido y exasperante deterioro de la seguridad pública y del estado de derecho: hoy en día, los ilícitos vinculados al tráfico de drogas son mucho más abundantes y frecuentes que cuando se firmó ese acuerdo, el cual ha resultado desastroso para México: por medio de ese instrumento se aceptó combatir en una guerra que básicamente le es ajena y que conlleva una cláusula inmoral e inaceptable: Estados Unidos pone los dólares y México pone los muertos.

 

 

 

plan puebla panama

Petróleo, Gas y Plan Puebla-Panamá
21-04-04 Por Gustavo Castro Soto *

Si el control de los recursos energéticos del Continente Americano es fundamental para la estrategia imperialista del gobierno de los Estados Unidos (EU), en el Plan Puebla-Panamá (PPP) podemos ver una expresión regional de esa estrategia que se enmarca en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)

Si el control de los recursos energéticos del Continente Americano es fundamental para la estrategia imperialista del gobierno de los Estados Unidos (EU), en el Plan Puebla-Panamá (PPP) podemos ver una expresión regional de esa estrategia que se enmarca en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)
En el documento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) "Conectividad de la Propuesta Regional de Transformación y Modernización de Centroamérica y del Plan Puebla-Panamá" (30 de abril de 2001), se hace mención de los estudios denominados "Terminales Regionales para la Importación y Almacenamiento de Combustibles" y "Suministro de Gas Natural al Istmo Centroamericano". En ellos se afirma la pretensión de "hacer más eficiente la adquisición externa de hidrocarburos" y construir "dos gasoductos, uno desde México y otro desde Colombia, con una longitud de 1,117 y 1,310 Km e inversiones estimadas de 593 y 830 millones de dólares (...)". Este es parecido al gasoducto de 1,464 Km que se ha pretendido construir desde Turkmenistán hasta Pakistán cruzando los territorios de Afganistán, y de ahí 750 kilómetros más para llegar hasta la India. Este gasoducto asiático que transportaría anualmente 20 mil millones de metros cúbicos de gas y todavía sin construir, ha causado ya la muerte de cientos de miles de personas en la región. ¿Cuál será el costo en América Latina y específicamente en el PPP?

En otro documento del BID denominado "Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Básica entre México y los países del Istmo Centroamericano" (noviembre 2000) afirma que "los gasoductos parecen la mejor alternativa para el transporte de gas (en comparación con el transporte de gas licuado por buques)". Además menciona dos elementos fundamentales: primero, "El gasoducto tiene más efectos locales y cuenta con sinergias con el Sistema de Integración Eléctrica para América Central (SIEPAC)". Segundo, pone en relieve nuevamente el objetivo estratégico del ALCA: "Permite la eventual interconexión desde Venezuela hasta Estados Unidos: Gasoducto entre Yucatán y Guatemala, con extensión al resto de Centroamérica; Gasoducto submarino de Colombia a Panamá, con extensión a otros países del norte; Gasoducto entre Venezuela y Colombia (para proveer a Panamá)". Estos proyectos debieran poner en alerta a las poblaciones indígenas y campesinas ya que los gasoductos cruzarán por sus casas, milpas, cafetales y bosques.

En otras palabras, se facilitaría a las empresas eléctricas transnacionales invertir en proyectos de gas ya que se prevé será el insumo principal para generar la energía en la próxima década. El PPP y el ALCA vinculan los gasoductos con el mercado eléctrico regional porque "El mercado más importante para el gas natural en Centroamérica sería la generación eléctrica", según el mismo PPP. Por su lado, para el Sistema de Integración Eléctrica para Centroamérica (SIEPAC), "la industria eléctrica sería el principal consumidor de gas natural", y la integración del sistema "facilitará la convergencia con el futuro de la industria del gas natural de la región (...) creando los incentivos para la construcción de gasoductos". De hecho, en México, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es el principal consumidor de gas natural en el país.
Lo anterior fue luego confirmado por Lourdes Melgar, directora de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Energía de México (SENER) al afirmar que la integración energética entre México, Canadá y EU sería palpable en el mes de marzo del 2002, cuando se presentaría la radiografía oficial de la situación de oferta y demanda del petróleo, gas y electricidad en América del Norte, ya que se pretende establecer una misma normatividad para toda la región. Esto es el ALCA en todo, desregular a las naciones (eliminar sus leyes), para hacer una regulación continental que proteja a las corporaciones transnacionales. El documento se denominó "Perfil Energético de América del Norte" donde establece que "El consumo de energía per cápita crecerá 10% hacia el 2010 en la región de América del Norte". Refiere que EU tiene reservas de gas natural por 167 billones de pies cúbicos, Canadá por 92 billones y México sólo 30 billones de pies cúbicos. Así, aunque las necesidades son más del norte que del sur, con el traslado de las plantas productivas y las industrias hacia el sur en búsqueda de mejores ventajas comparativas y mano de obra barata, la explotación crecerá en América Latina.

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modelo Neoliberal Mexicano

La globalización de mercados hace que cuando uno estornuda en Japón afecta al señor de Galicia -expone Estévez-. Muchos intelectuales y movimientos sociales están en contra de la política neoliberal y de determinada forma negativa de aplicar la globalización. Los países más ricos, del Norte, no pueden decir que van a ayudar a los del sur, los más pobres, y al mismo tiempo tener subvencionada la agricultura, mientras en África se mueren de hambre. En Senegal no hay pesca porque las cuotas pesqueras se han repartido entre los países de la Unión Europea. Y desde allí se van en un cayuco porque la globalización se llevó la pesca pero no ha globalizado sus necesidades».

La explicación de Estévez es la esencia de los análisis que esas 54 voces autorizadas exponen en las conversaciones con el periodista. Entre otros, el economista Jeremy Rifkin (Estados Unidos); el ecologista español Ramón Fernández Durán; el relator de las Naciones Unidas para alimentación Jean Ziegler (Suiza); el analista de la globalización David Held (Gran Bretaña); el ex portavoz del Foro Social de Génova Victorio Agnolletto; el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Giovanni Sartori (Italia); el especialista en química atmosférica James Lovelok (Gran Bretaña); el etnólogo Jean Malaury (Francia); el coordinador de previsiones medioambientales de España Juan Manuel Moreno; la ensayista marroquí Fátima Mernissi; el premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel; el premio Nobel de Literatura José Saramago; el activista francés José Bové; la vicepresidenta de Attac (movimiento internacional para el control democrático de los mercados financieros y de sus instituciones) Susan George; el presidente de la Fundación Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza; el profesor de Ciencia Política Carlos Taibo y el historiador Jaume Botey.

La mayoría de estos especialistas manifiestan en el programa cómo la apertura de mercados, tras la reunión que se denominó el consenso de Washington, se ha abierto a todo capital financiero internacional, "entre el que se encuentra dinero delictivo, de mafias que lo blanquean a través del libre mercado", sostiene Carlos Estévez, que cita como ejemplo de ese dinero infiltrado el caso conocido como la operación Malaya.

Medio ambiente

Cierta práctica de globalización está afectando al clima, como se detalla a lo largo de la esta serie. ’La política neoliberal es incompatible con la conservación de la naturaleza, del medio ambiente’, sostiene el autor de la serie. «El calentamiento global tiene que ver con el consumo y todos podemos contribuir de alguna manera. Por ejemplo, sin llevar un todoterreno para comprar el periódico, sin poner el aire acondicionado todo el día para llegar a casa y encontrártela fresquita. Y hay un peligro muy grande con dos áreas del mundo que están creciendo mucho, China e India, que se están acercando al desarrollo a pasos agigantados. ¿Cómo les dices que no quemen petróleo cuando nosotros lo llevamos haciendo tantos años?. Y España contamina el triple que hace diez años».

Las iniciativas locales abren la esperanza, insiste Carlos Estévez. Y explica el caso de un pueblo gallego, en la Costa de la Muerte, en el que un grupo de pescadores, tras el desastre del Prestige, se han unido para crear una reserva biológica, «cosa nunca vista porque el marinero suele depredar para poder vivir", agrega. O los que venden pescado por internet evitando intermediarios.

La serie es una vieja ambición de este periodista. Mantiene que este trabajo demuestra que se pueden hacer documentales "artesanales, con mucha cabeza y poco dinero", al rodar con cámaras digitales que se venden en los grandes almacenes con las que cualquier periodista puede rodar. No es el único que ha decidido analizar la situación del mundo. La BBC ha realizado una ambiciosa serie, que algunos consideran la más importante de su historia, con el epígrafe de ’¿Quién gobierna el mundo?’.

Hidalgo como heresiarca luterano.

Memoria de las Revoluciones en México. Publicación Trimestral. Núm. I, enero 2009.

http://www.terra.com.mx/especial.aspx?especialid=98 consultado 23 enero 2010.

El contenido de las acusaciones hechas por la Inquisición al cura Miguel Hidalgo y Costilla es el tema fundamental de este artículo. Para Alicia Mayer, ese paralelismo entre el México de principios del siglo XIX y la Alemania del siglo XVI tenía, más que fundamentos teológicos, una evidente función política.

 

Miguel Hidalgo y Costilla, Antonio Fabres, óleo sobre tela, 1904. Palacio Nacional
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

Alicia Mayer

Una de las características más notables de la guerra de Independencia en México es su vertiente religiosa. Y aunque obviamente no se trata de una gue­rra de religión, ésta se ve presente en los dos bandos: el realista y el insurgente.1 El principal líder del movimiento rebelde fue un sacerdote criollo, Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811), mientras que por la parte realista, los más destacados oponentes fueron también eclesiásticos –tanto del cabildo y la universidad, como del Santo Oficio y el arzobispado– quienes trataron de detener la rebelión iniciada en septiembre de 1810. Por ello, los discursos de los miembros de cada grupo están impregnados de argumentaciones relacionadas con aspectos religiosos. Aquí me interesa abordar a Hidalgo desde una perspectiva particular: la que gira en tornoa sus fundamentos cristianos y, sobre todo, a la acusación que se le hizo de hereje luterano.

Gabriel Méndez Plancarte vio en Hidal­go –con razón– a una "granítica ortodoxia".2 No hay noticia alguna de que este cura se desviara alguna vez de la fe católica. En sus proclamas invocaba siempre la defensa de la religión de la Iglesia romana y a dos pasos de la muerte, insistió en mantener limpio su buen nombre de toda mácula heterodoxa.3 ¿Por qué fue tildado entonces –y además con tanta insistencia– de hereje?

El cura párroco, nacido en Corralejo (hoy estado de Guanajuato), pertenecía a una generación que vivió un complejo movimiento de transición y renovación cultural influido por el grupo jesuítico que sufrió el destierro a causa de la expulsión decretada por la monarquía en 1767. Hidalgo, quien tenía 14 años de edad al momento de la salida de la orden, no pudo formarse con sus miembros a pesar de que cierta historiografía sostiene que en su niñez se formó con padres ignacianos en el colegio de Valladolid.

En 1784, el cabildo eclesiástico de dicha ciudad convocó a un concurso sobre el mejor método para la enseñanza de la teología escolástica. Hidalgo, entonces un ba­chiller de 31 años, resultó ganador con su ensayo Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica.4 En esa época era catedrático de Latinidad y Artes en el Real colegio de San Nicolás en Valladolid y de Prima de Sagrada Teología. Con la intención de modernizar la enseñanza en el Colegio, quiso renovar esta ciencia, desprenderla de "sutilezas escolásticas" que sólo servían para "pervertir el buen gusto y perder el tiempo" y propuso en su lugar una teología "históri­ca" o "positiva".5

En su Disertación Hidalgo se proclama fiel a las Sagradas Escrituras, a la tradición y a la doctrina de los Padres, bases sobre las que se fundaba la ortodoxia católica, y de la suya parece querer dejar constancia prematuramente en el escrito. Sin embargo, ex­po­ne también las bondades de la nueva teología, que sería "de gran utilidad a la Religión". Ésta debía fundamentarse en la historia y en ciencias auxiliares como la cronología, la geografía y la crítica, mediante las cuales se podía someter a revisión muchos libros y documentos antiguos que en la Edad Media se habían aceptado como auténticos.

En suma, en la Disertación, Hidalgo re­cha­za la escolástica en lo relativo a su contexto filosófico aristotélico y en cuanto a sus formas sustanciales y accidentales, pero la acepta en lo que se refiere a la forma metódica y ordenada que presenta. Ensalza la teo­­logía positiva sobre la especulativa y propone un método "científico" y crítico para su estudio. Dice Gabriel Méndez Plan­carte que la Disertación, de la que hizo un precioso en­sayo,6 es la proyección del espíritu renovado del siglo XVIII en el campo teológico, cuyo origen puede verse en el núcleo privilegiado de los jesuitas de la generación anterior.7 Es probable que Hidalgo se interesara por el eclec­ticismo y el sentido crítico debido a ellos. Méndez Plancarte indica que si bien entre el clero del que él formaba parte hubo influencia intelectual iluminista, no se percibe un espíritu antirreligioso y materialista como en algunos repre­sentantes de la Ilustración francesa.8

El ensayo de Hidalgo refleja una absoluta pulcritud en lo que a ortodoxia se refiere. Sostiene que todo estudioso de teología debe recurrir primero a las fuentes, pero no se limita sólo a las Sagradas Escrituras, sino también a las tradiciones apostólicas. Y da gran valor, asimismo, a los libros canónicos, a las definiciones de los concilios, a los doctores y los santos padres, con lo que se aleja sustancialmente de los postulados protestantes de los que más tarde se le acusará de ser partidario. Por ejemplo, en sentido contrario a la propuesta del libre examen individual de las Escrituras propuesto por Lutero en el siglo XVI, el cura responde que "no basta leer la Biblia para conocer las verdades que nos ha revelado Dios: es necesario que el sentido de las palabras se concuerde con la doctrina de los Santos Padres, como manda el Tridentino, sesión cuarta... ".9

Cabe decir que en este momento a ninguno de los que leyeron la Disertación de Hidalgo se le ocurrió hacer compatibles los argumentos del bachiller de Valladolid con la doctrina luterana. Eso vendría después.

En los documentos reunidos por Juan E. Hernández Dávalos se encuentra la causa seguida al Sr. Hidalgo por la Inquisición de México, así como otros textos que se refieren a ese proceso.10 El Santo Oficio empezó a reunir información sobre el entonces párroco de San Felipe desde el 18 de julio de 1800. Durante su estancia en el pueblo de Taxi­ma­roa, Hidalgo frecuentó a su amigo An­tonio Lecuona y coincidió en su casa con otras personas: Manuel Estrada, monje mercedario de Valladolid; Joaquín Huesca, lector de filosofía en esa ciudad, y fray Martín García Carrasquedo, sacristán de Zitácuaro. Duran­te un almuerzo se inició una plática sobre asuntos de religión. Eso animó a Hidalgo a originar un debate. A fray Joaquín Huesca le pareció que los planteamientos del incómodo visitante no estaban muy de acuerdo con la ortodoxia y decidió denunciarlo. Resumimos a continuación la información
–muchas veces reiterativa– que ofrece la documentación aludida.11

Quienes testificaron primero, Manuel Estrada y Martín García, dijeron que Hidalgo había leído y discutido un pasaje de Histoire ecclesiastique, obra en veinte volúmenes, de Claude Fleury, considerado como jansenista. Allí se decía que Dios no castigaba en esta vida con penas temporales, que esto sólo era propio de la ley antigua donde se afirmaba que había mandado plagas y azotes a los pecadores, pero que esto se creía de fe, postura que sostuvo el cura Hidalgo. De igual modo informaron que había hablado con desprecio de muchos pontífices en particular y, en general, del gobierno de la Iglesia, "como manejado por hombres ignorantes". Al pa­re­cer había asegurado que papas como Gre­go­rio VII (1073-1085) estarían en los infiernos por que habían sido muy nocivos a la institución por su falta de luces. Dijo también que en el Reino se estudiaba la Biblia de rodillas y con devoción, pero propuso mejor analizarla "con libertad de entendimiento para discurrir lo que nos parezca, sin temer a la Inquisición". Uno de los testigos no se acordaba si el cura párroco había dicho que Santa Teresa o "una monja de nombre Agreda" (Sor María de Agreda) era una ilusa por que se azotaba, ayunaba mucho y no dormía al creer que veía visiones, mismas que interpretaba como revelaciones. Ade­más, los presentes se habían sentido incómodos cuando Hidalgo aseguró que la fornicación no era pecado, como comúnmente se creía, sino que se trataba de una evacuación natural. Esto lo explicaba, según él, como filósofo, exponiendo cómo se daba "el mecanismo de la naturaleza humana", pero quienes testificaron afirmaron que enseñaba abierta y manifiestamente su opinión en las conversaciones y que no era ésta la actitud de un buen religioso.

El 24 de septiembre Manuel Abad y Queipo (†1825), quien había sido provisor y vicario general de la diócesis de Michoacán y luego obispo (1810), lo excomulgó junto con Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Abasolo,13 por perturbar el orden público. A pesar de que Abad y Queipo declaró que se trataba de "sediciones diabólicas", nada se dice en dicho documento de que Hidalgo fuera un hereje luterano. Pero más tarde, en 1812, el canónigo penitenciario expresó una opinión sobre el reformador alemán y lo relacionó con el cura insurgente. En una carta pastoral se lamentó de que la fe­licidad y dicha que había gozado la Co­lonia por tres siglos se había roto al irrumpir la herejía y la impiedad encarnadas en los insurgentes. Sobre todo responsabilizaba de ello a Miguel Hidalgo y su "cuadrilla de ladrones y asesinos".

Curiosamente, Abad relacionó la anarquía y la devastación del país con los sucesos ocurridos en Alemania en 1525, cuando se levantaron los campesinos en la Selva Negra desconociendo el poder civil. El obispo de Michoacán recordó a los fieles que las rebeliones no eran lícitas y eran una afrenta contra Dios,14 lo cual hasta el propio Lutero parecía haber entendido, pues aunque "violó las Sagradas Escrituras en cuanto a la autori­dad de la Iglesia, que es la sociedad espiritual de todos los fieles cristianos, la respeta en cuanto a las sociedades civiles".15

Los discípulos de Lutero (se refiere en concreto a los anabaptistas) "que extendían más que él las consecuencias de sus principios erróneos" se creían libres de la autoridad de los príncipes y magistrados y no admitían clases ni distinciones, lo que devastó, en su opinión, a toda la Germania. Abad y Quei­po conoció bien la respuesta que entonces dio el teólogo de Wittenberg a los sublevados, la cual cita in extenso, aunque no la extrae directamente de los escritos políticos del Reformador,16 sino de fuentes indirectas. Pero –cosa harto curiosa– agrega que Lutero los refutó "en términos bien enérgicos y propios de un verdadero católico".17 No es que el obispo defendiera al otrora monje agustino contra la Iglesia universal, sino que quería poner en claro que Hidalgo era aún peor que el ex fraile germano por rebelarse también contra la autoridad civil. El cura mexicano era, por consiguiente, "el mismo Lucifer, de que no se halla ejemplar en la historia de los crímenes de los hombres".18

Por su parte, la Congregación de Ecle­siásticos de San Pedro, compuesta en su ma­yor parte de sacerdotes de la capital y el arzobispado, a través de su vocero José Mariano Beristáin, manifestaron al virrey Francisco Javier Venegas su determinación de "inspirar horror a la revolución, en los confesionarios, en los púlpitos y en las conversaciones privadas".19 El arzobispo Fran­cisco Javier Lizana y Beaumont confirmó la excomunión de los principales jefes del movimiento el 11 de octubre.

En 1810 se presentaba en un sermón de un predicador de la época, fray Luis Ca­rrasco, un juicio sobre Hidalgo, de quien dijo que había "repetido los graznidos del cuervo de Alemania20 cuando gritó allá destempladamente ’viva el Evangelio, y mueran los papistas’: y este otro grajo de la América lo ha imitado desentonándose acá en su: ¡viva María Santísima de Guadalupe y mue­ran los gachupines!".21 Poco antes el padre franciscano fray Miguel Diego Bringas y Encinas, uno de los más activos predicadores realistas, apareció como declarante en las posteriores adiciones de cargos al proceso de la Inquisición y afirmó que Hidalgo "era un sectario de la libertad francesa, hombre libertino, sedicioso, cismático, hereje formal, judaizante, Luterano, Calvinista muy sospechoso de ateísta y materialista".22

El 10 de junio de 1811, mes y medio antes de su muerte (acaecida el 30 de julio de ese año), Hidalgo contestó con total sumisión a los cargos que se le habían hecho. El documento57 muestra a un hombre derrotado, sumiso ante sus inquisidores y lejos de la altivez de sus anteriores pronunciaciones. El reo expresa su deseo de vindicarse "de la nota insufrible para mí de hereje", de lo dicho "por ingenuidad o ignorancia"; se retracta y asegura que la doctrina de Lutero le era "enteramente extraña". Reitera que "ni remotamente se me presenta haber hablado de ese modo", sobre la Eucaristía, la confesión y la virginidad de María. Dijo aceptar que Je­su­cristo estaba real y verdaderamente conte- nido en la hostia "por translastanciación" . Agregó que toda su vida había aborreci­do los errores de Lutero y los sacramentarios "que produjo su infernal secta" concluyendo definitivamente que:

Bástame decir que si se juzga por tales aunque hasta ahora yo no las reputaba por de esa especie, las abjuro, detesto y retrac­to <…> confieso haber sido ellas contrarias a la moral de Jesucristo, lo que llevo con amargura, y de lo que espero me ayude la bondad a pedir misericordia <…> a V. S. reverentemente suplico reciba esta mi solicitud <…> concediéndome el honor que será mi muy apreciable de borrarme la nota de He­reje Apóstata de nuestra Santa Religión.58

 

Estandarte de Hidalgo, siglo XIX. Museo Nacional de Historia, CONACULTA, INAH.
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

En agosto de 1811, los calificadores fray Domingo Barreda y fray Luis Carrasco realizaron un dictamen con fundamento en todo el saber de los concilios de Santo Tomás y de las autoridades, para contestar punto por punto lo expresado por Hidalgo durante la década de 1800 a 1809.59 Las conclusiones del Concilio de Trento fueron esgrimidas una vez más para impugnar al otrora guía espiritual del pueblo de Dolores. Pero el "He­resiarca cura" ya había sido fusilado el 30 de julio y su cabeza pendía de un garfio colocado en la Alhóndiga de Granaditas como "escarmiento" y "advertencia".

Los sermones no cesaron tras la muerte del jefe de la insurgencia. En otro Manifiesto (escrito el 14 de noviembre de 1811), esta vez por el obispo de Puebla, con dedicatoria al virrey Venegas, se hace alusión al carácter sacerdotal de Hidalgo y se le relaciona con el reformador suizo Enrique Zwinglio60, pues él ostentaba también la sotana antes de romper con Roma: "¡Que un sacerdote, un párroco, es decir, un ministro de la ley, una luz puesta por Dios para alumbrar, sea el primer transgresor, el que derrame las tinieblas, y el autor de tantos males! ¡Qué dolor! ¡Qué deshonra para el sacerdocio!"61

A manera de conclusión.

Resumamos las opiniones religiosas que supuestamente tuvo Hidalgo, para entender la acusación de luterano o para desacreditarla.


 

Fusilamiento de Hidalgo y Allende, litografía, siglo XIX. Museo Casa de Hidalgo, Guanajuato
Memoria 20/10 © Derechos Reservados
  • Criticó al Papa, a la jerarquía eclesiástica y a las órdenes religiosas.
  • Recomendaba el estudio de la Biblia con un sentido crítico.
  • Proponía no aceptar –o dudar de– lo que no se hallara cumplida y probadamente en las Escrituras.
  • Criticó la práctica del ayuno, las mortificaciones físicas y azotes como cosas vanas.
  • Consintió que un hombre en estado eclesiástico se uniera a una mujer (desconoció en su vida personal el voto de castidad).
  • No rezaba normalmente el oficio divino ni asistía al coro.
  • Supuestamente cuestionaba los sacramentos de la confesión y la eucaristía.
  • Dudaba de la existencia de los santos.
  • Se le acusó de profanar imágenes y cosas sagradas (por el saqueo de la tropa insurgente a su llegada a los pueblos y por abanderar el estandarte de la virgen de Guadalupe).
  • Cuestionó, según las declaraciones, la virgi­nidad de María.
  • Alteró el orden como consecuencia de sus ideales erróneos.
  • Se señaló su acción de separación o cisma.

    No podemos dejar de admitir que estos elementos que la Inquisición examinó en el pensamiento de Hidalgo, parecen reflexiones cercanas a los postulados que en el siglo XVI esgrimió Martín Lutero. El reformador fue mucho más lejos en su tiempo: rechazó al Papa como vicario de Cristo y desconoció a la jerarquía eclesiástica (tanto al clero secular como a las órdenes religiosas). No sólo recomendó el estudio de la Biblia con un sentido crítico, sino que propuso su lectura y análisis libres de la interpretación de intermediarios y que éstas fueran un acto personal del individuo. Asimismo desconoció como autoridades todas las demás fuentes de la patrística. Ciertamente el otrora fraile agustino criticó el ayuno y todas las demás prácticas que fueran consideradas obras para lograr la salvación eterna. Desde luego, Lutero no sólo consintió en que los religiosos establecieran relaciones con las mujeres, sino que él mismo contrajo matrimonio con la ex monja Catalina Bora, con la cual procreó hijos, algo que provocó gran escándalo en su tiempo.

    En lo que respecta a los sacramentos, Lutero negó su eficacia como dadores de gracia santificante y solamente aceptó la práctica del bautismo y la comunión por estar justificados en las Sagradas Escrituras. Igualmente rechazó la intermediación de los santos y el culto a las imágenes. Destacó en sus escritos la figura de la virgen María como madre de Dios, pero no aceptó que se le rindiera culto y se la considerara intercesora y milagrosa. Rechazó también su calidad de Purísima Concepción.66

    Miguel Hidalgo no fue de ninguna manera luterano y tampoco cabe la menor duda de su ortodoxia. Lo más probable es que en toda su vida no haya pasado la vista a una sola línea escrita por el reformador alemán. En la lista que hizo la propia Inquisición de los libros que supuestamente leyó el caudillo insurgente, no encontramos ni un título del profesor de la universidad de Wittenberg.

    Sin duda las ideas de Lutero llegaron a oidos de Hidalgo ya muy diluidas; habían pasado por la criba secularizante del cedazo tendido a través de autores ingleses y franceses que sí llegó a tener el cura de Dolores en sus manos. Mas como excelente teólogo que dicen que era Hidalgo, no podía adoptar los postulados del protestantismo tan ajenos a la concepción tradicional católica. Si volvemos a reparar en el listado que enumera las supuestas herejías de Hidalgo, veremos que nunca dijo una palabra sobre la sola fe, la sola gracia y la sola escritura. Tampoco habló del pecado original que llevaba a cuestas el género humano sin posibilidad de erradicarlo ni sostuvo la tesis del albedrío siervo, puntos más centrales del lute­ranismo que los que anotaron pacien­temente los inquisidores.

    En síntesis, parece que las concordancias se deben a coincidencias secundarias e involuntarias. Hidalgo se pudo apartar de la escolástica aristotélica, pudo so­meter a la crítica ciertas cosas fantásticas de la Biblia (como el arca de Noé o la plaga de langostas), pudo poner en tela de juicio la existencia del infierno y de los demonios, pero no dudó en lo esencial. No podemos catalogar al Padre de la Patria, como lo hicieron los clérigos reaccionarios de su propio tiempo, como una conciencia heterodoxa. La Inquisición arbitró razones para desahuciar a los insurgentes y justificar su proscripción fundándose en que la herejía los convertía en parias sociales, entes susceptibles de ser destruidos por oponerse a los valores tradicionales católicos. El verdadero problema que enfrentaba la autoridad (Iglesia-Estado) en la Nueva España era que Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos y otros, se había levantado contra la soberanía de España y "la insurrección monstruosa en su principio, impía en su prolongación y precisamente desgraciada en sus fines", 67 llevaba consigo, a los ojos de los religiosos realistas, el sello de la reprobación de Dios. Nada más sintomático del sentir de ambos bandos que la siguiente cita, consignada por Ana Carolina Ibarra en un trabajo fundamental sobre la participación de los curas en el movimiento insurgente:

    ¿Qué diremos de los rayos que con tanto estrépito se han arrojado contra los americanos porque siguen un partido justo y unos derechos incontestables? Tal vez por esta pregunta levantan el grito algunos realistas que nos tratan como herejes. Escucharemos con dolor y sentimiento sus declamaciones, pero nuestras conciencias permanecerán seguras y tran­quilas, mientras los defensores y aduladores de España no prueben que es injusta la insurrección mexicana.68

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