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Blog de Historia

Conquista y colonización de América y México.

La colonización española de América fue parte de un proceso histórico más amplio, denominado posteriormente colonialismo, mediante el cual diversas potencias europeas incorporaron una considerable cantidad de territorios y pueblos en América, Asia y África entre los siglos XVI y XX.

Para ello, se debió someter a varias culturas originarias que ya estaban establecidas cuando en el año 1492 los exploradores españoles llegaron a tierras americanas.

Causas del descubrimiento de América.

  • Económicas: el surgimiento del mercantilismo, así como la necesidad de encontrar una ruta alternativa para el comercio de las especias y de la seda, procedente de las "islas de las especias", las Molucas, había sido bloqueado por los turcos con la toma de Constantinopla en 1453, controlando totalmente la ruta de la seda, tanto interior, como la ruta marítima.
  • Culturales: con el Renacimiento, en la sociedad europea algunos sugerían la esfericidad de la Tierra, y la proliferación de comerciantes provocó la proliferación de leyendas y crónicas exageradas (viajes de Marco Polo, leyenda del Preste Juan), que causaron un gran interés por lo desconocido en la Europa de la época, y el espíritu aventurero hacia el Lejano Oriente.
  • Tecnológicas: la aparición de nuevas naves, como las carabelas o los galeones que permitían la penetración trasatlántica, gracias a Alfonso V y a Juan II de Portugal ("El Perfecto", o "El Navegante"), y por el proceso que apoyaron de mejora naval y de exploración, estos barcos incluían las velas cuadradas y las triangulares, junto con un casco reforzado, evolución de los barcos del comercio Flamenco; estos fueron los primeros barcos que pudieron hacer "cazadas", navegar contra el viento y al costado de este, con lo que se logró el descubrimiento de Canarias, remontar la costa africana y descubrir América. Nuevos instrumentos de navegación, como el astrolabio o la brújula que permitían orientarse en el mar junto con el seguimiento de las estrellas, así como los avances en cartografía, fueron fundamentales para permitir la llegada europea a América.

Las capitulaciones de Santa Fe

Cristóbal Colón presentó su plan a Juan II de Portugal, pero, basado en cálculos erróneos sobre el tamaño de la Tierra y la distancia entre Europa y la India, no fue tenido en cuenta. A continuación se dirigió a España, involucrada entonces en la conquista de Granada, y expuso su plan a los Reyes Católicos, ayudado por los frailes de La Rábida. A pesar de los errores técnicos, se hizo con el apoyo de la reina Isabel y del Cardenal Cisneros y así, tras la toma de Granada, se comenzaron a redactar los acuerdos, o Capitulaciones de Santa Fe, por las que los reyes concedían a Colón el título de almirante, el de virrey y gobernador de las tierras por descubrir y la décima parte de los beneficios obtenidos por la nueva ruta.

 

Colonización y conquista

Viajes de Cristóbal Colón.

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó a América, a la isla de Guanahani, ubicada en el archipiélago de las Lucayas, creyendo en realidad que había llegado a la India. Tras éste, realizó tres viajes más. En el primero fundó el primer asentamiento en La Española, destruida después por los pobladores de la isla como reacción al maltrato de los exploradores; como reacción, los Reyes Católicos dieron por terminado el acuerdo con Colón.

La expansión hacia el oeste de España trajo tensiones con Portugal, pidiendo ambos reinos la mediación del Papa. Por la bula Inter Caetera de 1493, el papa Alejandro VI delimitó el área de influencia que cada reino podía reclamar al otro, con una línea de polo a polo situada 100 leguas al oeste de las Azores. Poco después, el Tratado de Tordesillas de 1494, trasladó la línea fronteriza a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, abriendo así una amplia zona al este de Sudamérica, para la expansión portuguesa, que se conoció luego como Brasil.

La conquista del continente

Artículo principal: Conquista de América

En los asentamientos de las zonas insulares de Centroamérica, la Corona de Castilla emprendió la colonización del continente, inicialmente con contactos comerciales con algunos pueblos indígenas de la zona de Guatemala y Yucatán.

En 1518 una expedición dirigida por Hernán Cortés y sus hombres, llegó a la isla de Cozumel, pasando después por las costas de la Península de Yucatán hasta llegar al río Grijalva donde se produjo una lucha. El Jueves Santo de 1519 llega toda la armada a San Juan de Ulúa, desde donde se dirige hacia la costa de la actual ciudad de Veracruz. En ese lugar Cortés recibió la primera embajada de Moctezuma Xocoyotzin, gobernante del señorío de Tenochtitlán y en ese sitio, Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz.

Una vez que Cortés fundó la Veracruz, Moctezuma le solicitó, mediante el envío de embajadores, detener su marcha. Pero Cortés continuó hacia el interior, el día 16 de agosto de 1519, rumbo hacia al corazón del Imperio azteca. Esta expedición estuvo formada por 400 soldados españoles, 15 caballos y 1.300 guerreros totonacas. Al llegar a Tlaxcala, Cortés derrotó a Xicotencatl y estableció una importante alianza con los tlaxcaltecas, sumando así, más guerreros a su ejército.

En su paso hacia Tenochtitlan y pretextando una posible emboscada, Cortés realizó a manera de escarnio, la sangrienta la matanza de Cholula. Poco más tarde se dirigió hacia el Valle de México cruzando entre dos volcanes: el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Del otro lado, avistó por primera vez el Lago de Texcoco y México-Tenochtitlan. Las fuerzas de Cortés entaron por la calzada de Iztapalapa, y fueron recibidas por Moctezuma Xocoyotzin. Una vez hospedados en la ciudad, el huey tlatoani optó por someterse a la corona española, en una entrevista privada. A cambio, Cortés exigió ver los libros de tributos y los mapas de la tierra. Sin embargo, el pueblo inconforme comenzó a organizar una rebelión. Entretando, la empresa de Cortés no había pasado desapercibida para Diego Velázquez de Cuéllar, quien envió una expedición capitaneda por Pánfilo Narváez con órdenes expresas de aprehenderlo y llevarlo de regreso a Cuba. Por esta causa, Cortés viajó a Veracruz para luchar contra los hombres de Velázquez. Durante su ausencia, ocurrió la Matanza del Templo Mayor, la cual encendió la mecha de una franca rebelión. Moctezuma, mediante un discurso intentó calmar a la multitud enardecida, pero ésta lo desconoció como gobernante y comenzó a lapidarlo. El tlatoani fue herido de gravedad y a consecuencia murió. Cuitláhuac fue nombrado sucesor, de inmediato organizó un ejército para atacar a los conquistadores. Cortés, organizó un plan de escape, pues los aztecas lo habían sitiado en el palacio de Axayácatl. En la noche del 30 de junio de 1520 procedieron a la fuga, pero fueron detectados. Durante el escape murieron ochocientos españoles y una gran número de indígenas aliados. Este episodio de la historia, es conocido como la Noche Triste. Un año más tarde, Cortés regresó con mas tropas y más aliados. Los pueblos que una vez habían sido sometidos por el Imperio azteca, se aliaron a los conquistadores españoles y comenzaron a cercar a la capital azteca. La ciudad de México-Tenochtitlan fue sitiada durante tres meses, tras inumerables batallas por agua y tierra, finalmente fue sometida el 13 de agosto de 1521. Los españoles, tlaxcaltecas, texcocanos, huejotzincas, chalcas, cholultecas y demás coaligados mataron a más de 40.000 mexicas, de acuerdo a las propias estimaciones de Cortés, y referidas en su tercera carta de relación.

Mestizaje.

Uno de los fenómenos mas notables de la colonización española fue el mestizaje, debido casi exclusivamente a las relaciones sexuales que mantuvieron los varones españoles con las mujeres indígenas (es poco habitual en el periodo colonial las relaciones de españolas con varones indígenas).

Debido a la escasa cantidad de españoles en América, que no habría alcanzado al 1% de la población total,[6] y teniendo también en cuenta que las mujeres españolas siempre fueron escasas en América y que los sacerdotes en general no mantenían relaciones sexuales con las indígenas, los conquistadores y colonizadores españoles mantuvieron relaciones sexuales simultáneas con muchas mujeres indígenas para engendrar la cantidad de mestizos que se presentaron en Hispanoamérica. En algunos casos, como en Paraguay existen constancias de que llegaron a procrear diez o veinte mestizos cada uno.[7] Fray Bernardo de Armenta relató que en 1544, un centenar de españoles ya habían procreado «600 criaturas de que los cristianos han habido en las indias».[7]

Al respecto se ha abierto un debate sobre las características de esas relaciones sexuales. Tradicionalmente las fuentes españolas han sostenido que las indias y las africanas buscaban voluntariamente tener relaciones sexuales con los españoles. El ejemplo clásico es el de la Malinche, la amante maya de Hernán Cortés, con quien incluso tuvo un hijo, Martín Cortés, que no hay que confundir con su hijo legítimo del mismo nombre.

Otras fuentes han sostenido que en la mayoría de los casos se trató de simples violaciones.[8] [9] [10] En este sentido, Michele de Cúneo, miembro de la segunda expedición de Cristóbal Colón a América, relata con frialdad la violación de una mujer indígena:

Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante (Colón) me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de putas.[11]

 

las diferencias entre Sexo y género.

Con esta lectura pretendemos:

- Pensar en la diferencia entre sexo biológico y género

- Reconocer cómo la sociedad en la que vivimos marca nuestra forma de ser mujeres y hombres

- Poder cuestionar la desigualdad de género

 

PARA PENSAR ESTE TEMA  

“Desde pequeña me marcaron cómo tenía que ser para ser una mujer. A veces fuerte, con retos: ‘no seas torpe’. Otras veces con dulzura: ‘así peinada estás más linda’; o regalándome pulseras para arreglarme mientras a mis hermanos le regalaban pelotas. No me gustaban los juegos ‘de niñas’, no me divertían. No quería ser varón pero tampoco sabía si quería ser niña.

Hoy estoy convencida de que quiero ser mujer, pero una mujer diferente...”

 

Sexo y género: diferencias biológicas, desigualdades sociales

Nacemos biológicamente hembras o machos. Cuando vamos creciendo la sociedad nos educa y nos va haciendo primero niñas o niños y luego hombres o mujeres.

Las diferencias naturales entre mujeres y hombres son mucho más pequeñas de lo que nos imaginamos.

 

La mayoría de las mujeres somos un poco menos corpulentas que los hombres, tenemos menos vello en el cuerpo, y órganos sexuales diferentes. La mayoría de los hombres tienen más fuerza física y la mayoría de las mujeres, más resistencia al dolor. La diferencia más grande es que nosotras podemos embarazarnos, parir y amamantar.

Estas diferencias también se dan entre los animales mamíferos hembras y machos. Y entre los humanos, se mantienen en todos los lugares y tiempos.

 

PARA

PENSAR

Que las mujeres seamos más sensibles y los hombres más agresivos, no es natural.

Que nosotras seamos más inseguras y ellos más autoritarios, no es natural.

Que nosotras tengamos más habilidad para los trabajos domésticos y

            cuidar niños y ellos para usar herramientas y manejar vehículos, no es natural.

 

Las diferencias naturales: el “sexo biológico”

Usamos la palabra “sexo” para hablar de las diferencias naturales entre hombres y mujeres. También podemos usar el nombre de “sexo biológico”, porque las diferencias sexuales se dan también entre hembras y machos de la mayoría de las especies animales. La palabra sexo también se usa para hablar del acto sexual, de las relaciones sexuales. Aquí no nos referimos a eso.

 

Hay diferencias sexuales desde mucho antes del nacimiento. Ya en la quinta semana de gestación, un poco más de un mes de embrazo, se comienzan a formar los órganos sexuales. Y entre la octava y novena semana se terminan de formar.

 

Cuando nacemos, la diferencia sexual es evidente: tenemos vulva o pene.

Muchas veces escuchamos decir: “los hombres tienen pene y las mujeres vagina”. Claro que tenemos vagina, pero es parte de los órganos internos, es el “tubito” que va desde el “agujerito” hasta el útero, la matriz. No nombrar la vulva es negar que exista. Como si fuera una parte vacía del cuerpo. Es negar que las mujeres tenemos sexualidad más allá de la penetración. Es una forma de discriminación.

 

Las diferencias sociales: el “género”Al momento de nacer todos los “cachorros” de seres humanos actuamos igual. Hayamos nacido con vulva o pene, tenemos las mismas necesidades de alimento, cuidado y afecto.A medida que vamos creciendo, nos van educando para que seamos diferentes. A quienes nacimos con vulva, nos tratan como a “niñas”. A quienes nacieron con pene, los tratan como “niños”. A quienes nacimos con vulva nos visten de rosa, nos dan muñecas para que juguemos, nos riñen si nos ensuciamos.

 

A quienes nacieron con pene los visten de celeste, les dan pelotas para jugar, los riñen si lloran. Así nos van haciendo diferentes. A todas esas diferencias que no son naturales las llamamos género.Cambia, todo cambiaSabemos que las diferencias de género no son naturales porque varían en diferentes lugares y tiempos. Y algo que es natural, no cambia, no puede ser de otra manera. Por ejemplo, es una diferencia natural que a las mujeres nos crezcan los pechos a partir de los 10 ó 12 años. Eso ocurre aquí y en la China. Eso ocurre hoy y ocurría hace 10.000 años.Pero las diferencias de carácter o de formas de ser entre hombres y mujeres no son naturales. Por ejemplo, en nuestra sociedad no está bien visto que un hombre se maquille para arreglarse, eso no es “masculino”; en cambio, en algunas tribus, los únicos que podían pintarse el cuerpo eran los guerreros más bravos, los más “machos”. Esta es una diferencia de género. Tampoco es natural que algunas tareas las tengamos que hacer las mujeres y otras los hombres. Las tareas que se cree que son “femeninas” y las tareas que se cree que son “masculinas” cambian en distintas sociedades. Por ejemplo, en algunos pueblos aborígenes hacer canastos se considera una tarea de mujeres, ¡ningún hombre haría eso! ¡sería una vergüenza!; en cambio, en otros pueblos hacer canastos es una tarea sólo de hombres, prohibida para mujeres.

 

PARA

PENSAR

Entonces, como depende de cada sociedad, decimos que las diferencias de género son sociales. Esto quiere decir que no son naturales, que pueden cambiar. ¡Podemos cambiar! ¡Podemos ser mujeres diferentes!

 

Desigualdades de género

Desde muy pequeñas nos enseñan cómo tenemos que relacionarnos con los hombres, cómo nos tienen que tratar y cómo tenemos que tratarlos nosotras a ellos. Desde que somos muy pequeñas nos enseñan, nos hacen sentir y creer, que los hombres son superiores a nosotras. Que a los hombres hay que obedecerlos y servirlos.

 

Aprendemos esto cuando vemos que nuestro padre da órdenes a nuestra madre, cuando la reta o la golpea; cuando nos hacen servir la mesa o lavar la ropa mientras nuestros hermanos descansan; cuando festejan si el recién nacido es varón.

En la vida diaria, primero en nuestra familia; después, en la escuela, en la iglesia, en la televisión, nos van enseñando a someternos a los hombres.

 

Los hombres tienen más oportunidades de estudiar y de manejar dinero que nosotras. Los oficios que suelen ser de hombres son mejor vistos y pagos que los que solemos hacer las mujeres. Cuando hacemos el mismo trabajo, nos pagan menos. Se nos hace responsables a nosotras del cuidado de los niños, pero es el padre el que decide las cosas importantes. Hay una diferencia de poder que beneficia a los hombres. Por eso decimos que en esta sociedad las mujeres estamos oprimidas.

 

Así, a las diferencias sexuales naturales (haber nacido con vulva o pene) esta sociedad las convierte en desigualdades de género (tener mayores o menores oportunidades en la vida).

 

Aprendiendo a ser “buenas niñas”

Desde muy pequeñas nos van marcando cómo tenemos que ser niñas. Nos marcan cómo tenemos que hablar; qué tenemos que hacer y qué no tenemos que hacer; qué juegos nos tienen que gustar y cuáles no. Nos van cargando en la espalda una gran mochila de mandatos, de órdenes, de lo que esperan de nosotras. Una pesada mochila que llevamos toda la vida. A esa “mochila” del cómo ser mujer que nos carga la sociedad la llamamos género. A los hombres también les enseñan cómo tienen que ser, cómo tienen que sentir, cómo tienen que actuar. También les dan una “mochila”, pero llena de otras cosas que a nosotras.

 

También llamamos género a la forma en que somos mujeres en esta sociedad. La sociedad “inventa” que por haber nacido con vulva tenemos que ser más débiles o más pacientes y cariñosas que quienes nacieron con pene. Eso es un invento pero nos lo enseñan ¡y nosotras lo aprendemos! Nos enseñaron a ser más débiles, pacientes y cariñosas. ¡Y realmente somos más débiles, pacientes y cariñosas que los hombres! ¡Pero no porque hayamos nacido así sino porque nos criaron así!

Mujer colonizada

 

¿Qué valores machistas nos enseña esta sociedad para mantener la opresión en la que

nos encontramos? Muchos. Algunos son: el valor de la virginidad (de la mujer, ¡por supuesto!);

el valor del sacrificio; el valor de la delgadez extrema; el valor de la sumisión... ¡y tantos otros!

 

Desde la familia, la escuela, la iglesia, los medios de comunicación nos bombardean con órdenes, con prohibiciones. Así nos van dominando, nos van “colonizando”. Como, a partir de Colón, los españoles dominaron América y avasallaron a los pueblos originarios; el machismo avasalla nuestros cuerpos, nuestros sentimientos, nuestros deseos.

 

Yo ¿la peor de todas?

La razón, pues, es la doble moral de la sociedad en que vivimos. Esta sociedad es machista y tiene doble moral.

 

Por un lado, reprime la sexualidad de las mujeres. Nos dice que tenemos que “llegar vírgenes al matrimonio”; nos prohíbe tener contactos sexuales ¡y hasta fantasías! fuera del matrimonio; nos impide disfrutar del sexo. Pero por otro lado, incita a los hombres a tener sexo con muchas mujeres, antes y durante el matrimonio... Entonces ¡nos necesitan!

 

Decimos que esta sociedad tiene doble moral porque: se juzga diferente las actitudes de varones y mujeres ¡no se usa la misma vara! Y porque el discurso público habla de la familia, la fidelidad, la honradez, “bla, bla, bla...”; pero se incita y se permite a los hombres engañar a sus parejas, mentir, ocultar.

 

Desde que nacemos nos educan para ser niñas sumisas, delicadas, débiles. Y a los hombres para que sean autoritarios, agresivos, fuertes. No podemos cambiar nuestra infancia pero sí podemos cambiar nosotras y podemos cambiar esta historia, educando a nuestras niñas y a nuestros niños de manera más libre e igualitaria.

 

Desde muy pequeñas nos vienen diciendo cómo tenemos que ser para ser mujeres.

¿Nos atrevemos a intentar ser mujeres diferentes? ¿A inventarnos una forma de ser mujeres que nos guste a nosotras? ¿A ser mujeres más libres?

 

Las desigualdades entre los hombres y nosotras en esta sociedad

 

Sexo FÍSICO Hombre / Mujer Género SOCIAL / CULTURAL Mujer y Hombre

La diferencia de género hace que a nosotras nos digan: • Lo que debemos hacer. • Lo que debemos estudiar. • Que debemos ser buenas. • Que debemos mostrarnos. débiles. • Que debemos obedecer. • Que para ser mujeres de verdad debemos ser madres. • Que debemos tener una sola pareja y ser fieles. La diferencia de género hace que a ellos les digan: • Que deben tomar siempre las decisiones. • Que deben mostrarse siempre fuertes. • Que deben tener muchas mujeres. • Que deben ser infieles a sus parejas.

Video Explicativo Neoliberalismo-Nuevo Orden Mundial

Contexto Internacional Actual. Nuevo orden mundial. Neoliberalismo-Globalización.

Los problemas actuales de la humanidad, el neoliberalismo y la globalización.

"La increíble e inédita globalización que nos ocupa es un producto del desarrollo histórico."

La Globalización que propicia una creciente interdependencia de los pueblos del mundo, en principio parece que ofrece grandes oportunidades para enriquecer las vidas de las personas y crear una comunidad mundial basada en valores compartidos, pero el hecho cierto es que en su actual variante neoliberal, los mercados dominan el proceso, los beneficios y las oportunidades no se han compartido de manera equitativa ha surgido un nuevo mundo "bipolar" notablemente desequilibrado, con un "polo norte" opulento y rico y un " polo sur donde viven las tres cuartas partes de la humanidad, desprotegido y pobre

La globalización que los pobres de la tierra precisamos es otra muy diferente a la que de un tiempo a esta parte, hemos venido conociendo día tras día, la misma que nos obliga a luchar para procurarnos alternativas más dignas y necesarias. No se trata solo del tipo de orden que predomine, sino del fenómeno depredador en su naturaleza, tal y como se nos ha impuesto, sin derecho a participar en su diseño y mucho menos en el despliegue triunfal de sus modelos. Aquí la pluralidad tampoco fue tomada en cuenta.

Esta ha sido una de las políticas más arrasadoras recibidas por los países pobres, como parte de una manipulación ideológica dirigida a crear la ilusión de que todos somos miembros de una aldea global que se va conformando en bloques.

En medio de un injusto orden mundial, la carrera hegemonista por acaparar los mercados a cualquier precio prioriza el beneficio de la empresa privada sin importar cuánto perjudica a los más desposeídos, que suman millones de pobres, hambrientos, analfabetos y desempleados. Es la igualdad entre desiguales, la forma más perversa de eternizar la desigualdad.

Neoliberalismo.

Según especialistas el neoliberalismo es una "teoría  política que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado, incrementar las relaciones económicas a través de regiones comerciales o económicas, llamadas también tratados de libre comercio, impulsar la inversión de empresas trasnacionales en países de tercer mundo, en este sistema económico generar la mayor cantidad de ganancia a toda costa es lo que prevalece, en pro de esto se disminuyen la vigencia de los derechos humanos y las naciones pobres tienen que dar las condiciones necesarias para que las transnacionales se queden a generar empleos en su territorio. Creen que las naciones pueden cooperar  porque hacerlo es positivo para sus intereses.

Dentro de los problemas actuales tenemos la crisis inmobiliaria surgida en Estados Unidos y que ha derivado en una crisis financiera con repercusiones globales, el descalabro del dólar y sus consecuencias, las dimensiones de la integración.  Es decir, la dimensión financiera, comercial, ambiental, energética, productiva y social, así como el tema de los agro combustibles y los transgénicos,

Otro problema de primer orden continua siendo la deuda externa de los países del llamado Tercer Mundo.

Vivimos en un mundo polarizado y excluyente, anclado en un fabuloso desarrollo de la ciencia y la tecnología: 6 200 millones de personas habitan en él, de ellos 1 300 millones padecen hambre, 500 millones viven solamente 40 años, 1 000 millones están desempleados, 845 millones son analfabetos y 1400 millones carecen de agua potable. El 65 % de la humanidad nunca ha hecho una llamada telefónica y un 40 % de la población no tiene acceso a la energía eléctrica. Aún lo más terrible: cada día mueren 30 mil niños que pueden salvarse y anualmente 500 000 quedan definitivamente ciego por falta de vitaminas.

Según el Banco Mundial, el 20 % de la población controla el 80 % de la economía del planeta y la esperanza de vida de los países desarrollados es superior en 30 años a la de los subdesarrollados, mientras sus gastos en Salud lo superan en 40 veces. La diferencia de ingresos entre los países mas ricos y mas pobres era de 37 veces en 1960 y hoy es 74 veces.

El daño causado al ecosistema es enorme y el desgaste de los recursos energéticos y las reservas naturales comprometen el destino de las futuras generaciones.

Conclusiones

·         La globalización neoliberal tienen, para los países pobres, nefastas consecuencias, porque han globalizado la exclusión, la explotación y el malestar social.

·         Los ajustes económicos sobre la seguridad social, el empleo, la educación y, sobre todo, sobre el sistema público de salud, ha conllevado a un deterioro de la salud y de la calidad de vida, expresado en desnutrición, aumento de enfermedades transmisibles, deterioro del medio ambiente, aparición de enfermedades emergentes y reemergentes y, en resumen,  un recrudecimiento de la pobreza.

·         Uno de los preceptos en que se basa y desarrolla el modelo neoliberal es la privatización, y ésta provoca el desempleo y, como una cadena, los  bajos salarios, la inflación, el hambre y la miseria de los trabajadores.

Referencias bibliográficas

·         Dierckxsens W. Del neoliberalismo al poscapitalismo. San José de Costa ¡Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones; 2000.

·         Estefanía J. La nueva economía: la globalización. Madrid; 1996.

·         Stiglitz JE. El malestar en  la globalización. Santillana Ediciones Generales; 2002.

·         http://www.prensa-latina.cu/article.asp?ID=%7BD1BC8B53-7507-4B8C-8BCB-E32548CBCF1E%7D

·         Selección de Lecturas Cultura Política II Parte. Editorial Pueblo y Educación 2002.

 

Autor:

Mtro. Elisabet Sanabria Santos

Dr. Rolando de Jesús Morales

Mtro. Jorge A Bocanegra Rodríguez

 

Miguel Hidalgo, ¿masón?

Rogelio Aragón

Corre el rumor de que Miguel Hidalgo, figura principal de la revolución de independencia mexicana, fue iniciado en la masonería alrededor del año de 1806 en una logia de la ciudad de México. ¿Existen motivos para tal afirmación? En las biografías del “Padre de la Patria” y en otros textos que abordan la historia de la independencia no hay mención alguna al respecto. Sin embargo circula una interpretación histórica, desdeñada por algunos académicos que la consideran demasiado tendenciosa, en que el debate acerca de la pertenencia de Miguel Hidalgo a la masonería se ha mantenido vigente. Me refiero a la historiografía masónica.

En los estudios sobre la masonería en México pueden observarse claramente dos tendencias antagónicas e irreconciliables. La primera comprende las historias escritas por masones, las cuales por obvias razones atribuyen a la organización grandes cualidades y un papel protagónico en el desarrollo político y social de México. La segunda vertiente incluye aquellas obras en que se culpa a la masonería de los males del país o en que se defiende la idea de que existe una gran conspiración cuyo fin último es hacerse del control del gobierno de la República y acabar con el cristianismo y la Iglesia católica. Escritores de ambas vertientes han aportado elementos para comprobar o desmentir ese mito. Pero ¿dónde y por qué surgió? La primera mención de la pertenencia de Miguel Hidalgo a la masonería data del año de 1884, cuando se publicó la Historia de la masonería en México de José María Mateos. El autor –uno de los fundadores del Rito Nacional Mexicano– asegura en su texto, aunque sin aportar evidencia alguna, que Hidalgo y Allende fueron iniciados en la masonería en una logia ubicada en la Calle de las Ratas, en un inmueble al que actualmente corresponde el número 73 de la calle de Bolívar en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Años después, en la muy extensa publicación titulada Comentario histórico, crítico, auténtico a las revoluciones sociales en México, escrita por el abogado Antonio Gibaja y Patrón –quien en cinco volúmenes intenta demostrar que Hidalgo, Juárez y Carranza fueron instrumentos de una conspiración judeo-masónica para trastocar el orden establecido en México– se aporta el dato de que una placa de piedra en la fachada del citado inmueble rezaba: “Rito Nacional Mexicano. A los ilustres caudillos de nuestra independencia nacional D. Miguel Hidalgo y Costilla y D. Ignacio Allende. Iniciados masónicamente en esta casa en el año de 1806.” Según Gibaja, esta placa todavía permanecía allí y era visible hacia la mitad de la década de 1920. Hoy, después de que la casa de Bolívar 73 ha cambiado varias veces de giro –alrededor de 1945 era un cabaret, hace un par de años una cantina y hoy es una tienda de instrumentos musicales– la placa ha desaparecido.

Gibaja y Patrón, así como Salvador Borrego –otro de los más conocidos autores que defienden la idea de la existencia de una gran conspiración de escala mundial– y el sacerdote católico Jesús García Gutiérrez –mejor conocido por su nom de plume Félix Navarrete, bajo el que escribió La masonería en la historia y en las leyes de Méjico– no obtuvieron el dato de la iniciación de Hidalgo del libro de Mateos, sino de Una contribución a la historia masónica de México, obra publicada en 1899 por el masón estadounidense –miembro del Rito de York– Richard Chism. El relato de Chism sobre el viaje que desde el pueblo de Dolores hacia la ciudad de México emprendieran Hidalgo y Allende es mucho más colorido y poético, además de que aporta otro dato, la fecha de la supuesta iniciación: 1806. Debido a que Mateos fue la fuente de Chism, éste tampoco ofrece evidencias documentales o bibliográficas para apoyar su dicho. Por ello, hacia 1950 Luis J. Zalce y Rodríguez, masón grado 33 del Rito Escocés, en sus Apuntes para la historia de la masonería en México –sobre la base de los datos aportados por el sacerdote católico Agustín Rivera en su libro Anales de la vida del Padre de la Patria y en una entrevista que sostuvo con éste en 1902– polemiza con Mateos y Chism respecto a la veracidad del pasaje referente a la iniciación de Hidalgo, y niega la posibilidad de que tal hecho haya ocurrido, lo que le valió que algunos años después Ramón Martínez Zaldúa –otro masón– le dirigiera una crítica muy severa en las páginas de su Historia de la masonería en Hispanoamérica.

¿Cuál fue el motivo que impulsó a José María Mateos a afirmar que Miguel Hidalgo había sido masón? Existen dos posibilidades: hacer una aportación de gran envergadura al panteón masónico mexicano, o responder a los ataques contra la masonería lanzados por el papa León XIII en su bula Humanum Genus, emitida en el mismo año de la aparición de la Historia de Mateos. ¿Y la falta de evidencia? Según Albert Gallatin Mackey –uno de los autores más respetados en los círculos masónicos y contemporáneo de Mateos–:

el francmasón no tiene otra forma de acceder a las enseñanzas de la orden sino a través de leyendas y símbolos. Una leyenda difiere de la narrativa histórica únicamente en que carece de evidencia documental de su autenticidad, es fruto de la tradición. Es una leyenda porque no tiene fundamentación escrita. Es oral y, por lo tanto, legendaria”.

 
Miguel Hidalgo, ¿masón?

Jeroglífico Universal, documento masónicom litografía coloreada
Memoria 2010 © Derechos Reservados

El sujeto de la historia

Algunas preguntas que no pueden dejarse de lado cuando se hace una reflexión acerca de lo histórico y específicamente sobre la naturaleza de la historia son:  ¿quién hace la historia? o dicho en el lenguaje de los especialistas, ¿quien es el sujeto de la historia? ¿qué es aquello que está detrás, lo que subyace, provoca y genera el acontecimiento histórico? ¿quién es el ser o la fuerza que hace posible los acontecimientos que registran los libros de la historia?

Varias son las respuestas que los teóricos de esta disciplina   han dado a esta problemática a través del tiempo.

·        Una primera respuesta quizá la podamos encontrar en lo que sostienen los defensores de la explicación providencialista de lo histórico.  En la mayoría de los escritos de orientación religiosa - o con influencia de esta -, se señala que el hombre no es más que un intermediario de la voluntad divina.  El destino del hombre no es otro que cumplir fielmente con el supremo mandato de la divinidad.  En este sentido,  todo lo que el hombre ha hecho,  dicho, pensado, sentido y realizado, no es más que el resultado de una voluntad ajena y superior a él.  Desde esta perspectiva, quien hace la historia, el verdadero sujeto de la historia, lo que está detrás del acontecer histórico y de la voluntad humana es la divinidad.  Esta concepción de la historia prevaleció principalmente hasta fines del siglo XIII aunque sus ecos se escuchen todavía en épocas posteriores.

·        Una segunda respuesta la podemos encontrar en la tradición individualista, refrendada por el pensamiento positivista del siglo XVIII.  Esta tendencia sostiene que son los grandes hombres, las grandes personalidades, los individuos dotados de particulares capacidades quienes hacen la historia.  Según esta concepción, los hombres fuera de serie, los que resuelven grandes problemas - planteados por las generaciones anteriores -  son los que, con su genialidad señalan las nuevas necesidades sociales, orientan a la sociedad y en gran medida provocan el acontecer histórico.  Desde esta perspectiva, el sujeto de la historia es el individuo, el genio, la personalidad.    Este tipo de historia puede ejemplificarse en la corriente de la historia política,  la cual considera que fueron los reyes o los personajes sobresalientes los protagonistas de grandes hazañas.

·        Otra respuesta, la ofrecen quienes sostienen  que la colectividad, la masa, el pueblo, constituyen el sujeto de la historia.  Son los pueblos, con su quehacer cotidiano, su trabajo diario y su participación política los que crean la riqueza y encumbran a los individuos, a los líderes, caudillos o dirigentes.  Esta tesis se inspira en la tradición marxista y se complementa señalando que la masa, la colectividad, puede aspirar a adquirir la categoría de Sujeto de la Historia, en la que medida en que participa consciente y organizadamente en la vida política de una sociedad, ya como partido político en algunas de sus variantes, incidiendo en cada etapa histórica en la solución de algunas de sus sentidas problemáticas o proponiendo alternativas que tiendan al resolverlas.

·        Un cuarto punto de vista sostiene que la historia no tiene sujeto, ya que son las circunstancias sociales, el conjunto de las relaciones sociales (económicas, políticas, culturales, ideológicas, etc.) las que determinan y dan significado al acontecer histórico, incluso él individuo es un producto de esas circunstancias.  Desde esta perspectiva el individuo parecería anulado, determinado por la maraña de relaciones sociales dominantes en cada época y en mucho se parecería esta propuesta a la primera.  Sin embargo, en este marco cabe preguntarnos como puede el individuo rescatar su papel de actor protagónico del acontecer histórico.  Ante esta circunstancia el individuo sólo puede lograr tal papel en la medida que su capacidad de pensar le permita adentrarse en el conocimiento de las diversas circunstancias que provocan determinado acontecimiento histórico.  De tal manera que al incidir en el estado de ánimo colectivo el individuo puede desencadenar movimiento que en ocasiones cambian el rumbo de la historia, con lo que logra convertirse en hacedor de la misma, es decir, en Sujeto de la Historia.

Hidalgo como heresiarca luterano.

Memoria de las Revoluciones en México. Publicación Trimestral. Núm. I, enero 2009.

http://www.terra.com.mx/especial.aspx?especialid=98 consultado 23 enero 2010.

El contenido de las acusaciones hechas por la Inquisición al cura Miguel Hidalgo y Costilla es el tema fundamental de este artículo. Para Alicia Mayer, ese paralelismo entre el México de principios del siglo XIX y la Alemania del siglo XVI tenía, más que fundamentos teológicos, una evidente función política.

 

Miguel Hidalgo y Costilla, Antonio Fabres, óleo sobre tela, 1904. Palacio Nacional
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

Alicia Mayer

Una de las características más notables de la guerra de Independencia en México es su vertiente religiosa. Y aunque obviamente no se trata de una gue­rra de religión, ésta se ve presente en los dos bandos: el realista y el insurgente.1 El principal líder del movimiento rebelde fue un sacerdote criollo, Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811), mientras que por la parte realista, los más destacados oponentes fueron también eclesiásticos –tanto del cabildo y la universidad, como del Santo Oficio y el arzobispado– quienes trataron de detener la rebelión iniciada en septiembre de 1810. Por ello, los discursos de los miembros de cada grupo están impregnados de argumentaciones relacionadas con aspectos religiosos. Aquí me interesa abordar a Hidalgo desde una perspectiva particular: la que gira en tornoa sus fundamentos cristianos y, sobre todo, a la acusación que se le hizo de hereje luterano.

Gabriel Méndez Plancarte vio en Hidal­go –con razón– a una "granítica ortodoxia".2 No hay noticia alguna de que este cura se desviara alguna vez de la fe católica. En sus proclamas invocaba siempre la defensa de la religión de la Iglesia romana y a dos pasos de la muerte, insistió en mantener limpio su buen nombre de toda mácula heterodoxa.3 ¿Por qué fue tildado entonces –y además con tanta insistencia– de hereje?

El cura párroco, nacido en Corralejo (hoy estado de Guanajuato), pertenecía a una generación que vivió un complejo movimiento de transición y renovación cultural influido por el grupo jesuítico que sufrió el destierro a causa de la expulsión decretada por la monarquía en 1767. Hidalgo, quien tenía 14 años de edad al momento de la salida de la orden, no pudo formarse con sus miembros a pesar de que cierta historiografía sostiene que en su niñez se formó con padres ignacianos en el colegio de Valladolid.

En 1784, el cabildo eclesiástico de dicha ciudad convocó a un concurso sobre el mejor método para la enseñanza de la teología escolástica. Hidalgo, entonces un ba­chiller de 31 años, resultó ganador con su ensayo Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica.4 En esa época era catedrático de Latinidad y Artes en el Real colegio de San Nicolás en Valladolid y de Prima de Sagrada Teología. Con la intención de modernizar la enseñanza en el Colegio, quiso renovar esta ciencia, desprenderla de "sutilezas escolásticas" que sólo servían para "pervertir el buen gusto y perder el tiempo" y propuso en su lugar una teología "históri­ca" o "positiva".5

En su Disertación Hidalgo se proclama fiel a las Sagradas Escrituras, a la tradición y a la doctrina de los Padres, bases sobre las que se fundaba la ortodoxia católica, y de la suya parece querer dejar constancia prematuramente en el escrito. Sin embargo, ex­po­ne también las bondades de la nueva teología, que sería "de gran utilidad a la Religión". Ésta debía fundamentarse en la historia y en ciencias auxiliares como la cronología, la geografía y la crítica, mediante las cuales se podía someter a revisión muchos libros y documentos antiguos que en la Edad Media se habían aceptado como auténticos.

En suma, en la Disertación, Hidalgo re­cha­za la escolástica en lo relativo a su contexto filosófico aristotélico y en cuanto a sus formas sustanciales y accidentales, pero la acepta en lo que se refiere a la forma metódica y ordenada que presenta. Ensalza la teo­­logía positiva sobre la especulativa y propone un método "científico" y crítico para su estudio. Dice Gabriel Méndez Plan­carte que la Disertación, de la que hizo un precioso en­sayo,6 es la proyección del espíritu renovado del siglo XVIII en el campo teológico, cuyo origen puede verse en el núcleo privilegiado de los jesuitas de la generación anterior.7 Es probable que Hidalgo se interesara por el eclec­ticismo y el sentido crítico debido a ellos. Méndez Plancarte indica que si bien entre el clero del que él formaba parte hubo influencia intelectual iluminista, no se percibe un espíritu antirreligioso y materialista como en algunos repre­sentantes de la Ilustración francesa.8

El ensayo de Hidalgo refleja una absoluta pulcritud en lo que a ortodoxia se refiere. Sostiene que todo estudioso de teología debe recurrir primero a las fuentes, pero no se limita sólo a las Sagradas Escrituras, sino también a las tradiciones apostólicas. Y da gran valor, asimismo, a los libros canónicos, a las definiciones de los concilios, a los doctores y los santos padres, con lo que se aleja sustancialmente de los postulados protestantes de los que más tarde se le acusará de ser partidario. Por ejemplo, en sentido contrario a la propuesta del libre examen individual de las Escrituras propuesto por Lutero en el siglo XVI, el cura responde que "no basta leer la Biblia para conocer las verdades que nos ha revelado Dios: es necesario que el sentido de las palabras se concuerde con la doctrina de los Santos Padres, como manda el Tridentino, sesión cuarta... ".9

Cabe decir que en este momento a ninguno de los que leyeron la Disertación de Hidalgo se le ocurrió hacer compatibles los argumentos del bachiller de Valladolid con la doctrina luterana. Eso vendría después.

En los documentos reunidos por Juan E. Hernández Dávalos se encuentra la causa seguida al Sr. Hidalgo por la Inquisición de México, así como otros textos que se refieren a ese proceso.10 El Santo Oficio empezó a reunir información sobre el entonces párroco de San Felipe desde el 18 de julio de 1800. Durante su estancia en el pueblo de Taxi­ma­roa, Hidalgo frecuentó a su amigo An­tonio Lecuona y coincidió en su casa con otras personas: Manuel Estrada, monje mercedario de Valladolid; Joaquín Huesca, lector de filosofía en esa ciudad, y fray Martín García Carrasquedo, sacristán de Zitácuaro. Duran­te un almuerzo se inició una plática sobre asuntos de religión. Eso animó a Hidalgo a originar un debate. A fray Joaquín Huesca le pareció que los planteamientos del incómodo visitante no estaban muy de acuerdo con la ortodoxia y decidió denunciarlo. Resumimos a continuación la información
–muchas veces reiterativa– que ofrece la documentación aludida.11

Quienes testificaron primero, Manuel Estrada y Martín García, dijeron que Hidalgo había leído y discutido un pasaje de Histoire ecclesiastique, obra en veinte volúmenes, de Claude Fleury, considerado como jansenista. Allí se decía que Dios no castigaba en esta vida con penas temporales, que esto sólo era propio de la ley antigua donde se afirmaba que había mandado plagas y azotes a los pecadores, pero que esto se creía de fe, postura que sostuvo el cura Hidalgo. De igual modo informaron que había hablado con desprecio de muchos pontífices en particular y, en general, del gobierno de la Iglesia, "como manejado por hombres ignorantes". Al pa­re­cer había asegurado que papas como Gre­go­rio VII (1073-1085) estarían en los infiernos por que habían sido muy nocivos a la institución por su falta de luces. Dijo también que en el Reino se estudiaba la Biblia de rodillas y con devoción, pero propuso mejor analizarla "con libertad de entendimiento para discurrir lo que nos parezca, sin temer a la Inquisición". Uno de los testigos no se acordaba si el cura párroco había dicho que Santa Teresa o "una monja de nombre Agreda" (Sor María de Agreda) era una ilusa por que se azotaba, ayunaba mucho y no dormía al creer que veía visiones, mismas que interpretaba como revelaciones. Ade­más, los presentes se habían sentido incómodos cuando Hidalgo aseguró que la fornicación no era pecado, como comúnmente se creía, sino que se trataba de una evacuación natural. Esto lo explicaba, según él, como filósofo, exponiendo cómo se daba "el mecanismo de la naturaleza humana", pero quienes testificaron afirmaron que enseñaba abierta y manifiestamente su opinión en las conversaciones y que no era ésta la actitud de un buen religioso.

El 24 de septiembre Manuel Abad y Queipo (†1825), quien había sido provisor y vicario general de la diócesis de Michoacán y luego obispo (1810), lo excomulgó junto con Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Abasolo,13 por perturbar el orden público. A pesar de que Abad y Queipo declaró que se trataba de "sediciones diabólicas", nada se dice en dicho documento de que Hidalgo fuera un hereje luterano. Pero más tarde, en 1812, el canónigo penitenciario expresó una opinión sobre el reformador alemán y lo relacionó con el cura insurgente. En una carta pastoral se lamentó de que la fe­licidad y dicha que había gozado la Co­lonia por tres siglos se había roto al irrumpir la herejía y la impiedad encarnadas en los insurgentes. Sobre todo responsabilizaba de ello a Miguel Hidalgo y su "cuadrilla de ladrones y asesinos".

Curiosamente, Abad relacionó la anarquía y la devastación del país con los sucesos ocurridos en Alemania en 1525, cuando se levantaron los campesinos en la Selva Negra desconociendo el poder civil. El obispo de Michoacán recordó a los fieles que las rebeliones no eran lícitas y eran una afrenta contra Dios,14 lo cual hasta el propio Lutero parecía haber entendido, pues aunque "violó las Sagradas Escrituras en cuanto a la autori­dad de la Iglesia, que es la sociedad espiritual de todos los fieles cristianos, la respeta en cuanto a las sociedades civiles".15

Los discípulos de Lutero (se refiere en concreto a los anabaptistas) "que extendían más que él las consecuencias de sus principios erróneos" se creían libres de la autoridad de los príncipes y magistrados y no admitían clases ni distinciones, lo que devastó, en su opinión, a toda la Germania. Abad y Quei­po conoció bien la respuesta que entonces dio el teólogo de Wittenberg a los sublevados, la cual cita in extenso, aunque no la extrae directamente de los escritos políticos del Reformador,16 sino de fuentes indirectas. Pero –cosa harto curiosa– agrega que Lutero los refutó "en términos bien enérgicos y propios de un verdadero católico".17 No es que el obispo defendiera al otrora monje agustino contra la Iglesia universal, sino que quería poner en claro que Hidalgo era aún peor que el ex fraile germano por rebelarse también contra la autoridad civil. El cura mexicano era, por consiguiente, "el mismo Lucifer, de que no se halla ejemplar en la historia de los crímenes de los hombres".18

Por su parte, la Congregación de Ecle­siásticos de San Pedro, compuesta en su ma­yor parte de sacerdotes de la capital y el arzobispado, a través de su vocero José Mariano Beristáin, manifestaron al virrey Francisco Javier Venegas su determinación de "inspirar horror a la revolución, en los confesionarios, en los púlpitos y en las conversaciones privadas".19 El arzobispo Fran­cisco Javier Lizana y Beaumont confirmó la excomunión de los principales jefes del movimiento el 11 de octubre.

En 1810 se presentaba en un sermón de un predicador de la época, fray Luis Ca­rrasco, un juicio sobre Hidalgo, de quien dijo que había "repetido los graznidos del cuervo de Alemania20 cuando gritó allá destempladamente ’viva el Evangelio, y mueran los papistas’: y este otro grajo de la América lo ha imitado desentonándose acá en su: ¡viva María Santísima de Guadalupe y mue­ran los gachupines!".21 Poco antes el padre franciscano fray Miguel Diego Bringas y Encinas, uno de los más activos predicadores realistas, apareció como declarante en las posteriores adiciones de cargos al proceso de la Inquisición y afirmó que Hidalgo "era un sectario de la libertad francesa, hombre libertino, sedicioso, cismático, hereje formal, judaizante, Luterano, Calvinista muy sospechoso de ateísta y materialista".22

El 10 de junio de 1811, mes y medio antes de su muerte (acaecida el 30 de julio de ese año), Hidalgo contestó con total sumisión a los cargos que se le habían hecho. El documento57 muestra a un hombre derrotado, sumiso ante sus inquisidores y lejos de la altivez de sus anteriores pronunciaciones. El reo expresa su deseo de vindicarse "de la nota insufrible para mí de hereje", de lo dicho "por ingenuidad o ignorancia"; se retracta y asegura que la doctrina de Lutero le era "enteramente extraña". Reitera que "ni remotamente se me presenta haber hablado de ese modo", sobre la Eucaristía, la confesión y la virginidad de María. Dijo aceptar que Je­su­cristo estaba real y verdaderamente conte- nido en la hostia "por translastanciación" . Agregó que toda su vida había aborreci­do los errores de Lutero y los sacramentarios "que produjo su infernal secta" concluyendo definitivamente que:

Bástame decir que si se juzga por tales aunque hasta ahora yo no las reputaba por de esa especie, las abjuro, detesto y retrac­to <…> confieso haber sido ellas contrarias a la moral de Jesucristo, lo que llevo con amargura, y de lo que espero me ayude la bondad a pedir misericordia <…> a V. S. reverentemente suplico reciba esta mi solicitud <…> concediéndome el honor que será mi muy apreciable de borrarme la nota de He­reje Apóstata de nuestra Santa Religión.58

 

Estandarte de Hidalgo, siglo XIX. Museo Nacional de Historia, CONACULTA, INAH.
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

En agosto de 1811, los calificadores fray Domingo Barreda y fray Luis Carrasco realizaron un dictamen con fundamento en todo el saber de los concilios de Santo Tomás y de las autoridades, para contestar punto por punto lo expresado por Hidalgo durante la década de 1800 a 1809.59 Las conclusiones del Concilio de Trento fueron esgrimidas una vez más para impugnar al otrora guía espiritual del pueblo de Dolores. Pero el "He­resiarca cura" ya había sido fusilado el 30 de julio y su cabeza pendía de un garfio colocado en la Alhóndiga de Granaditas como "escarmiento" y "advertencia".

Los sermones no cesaron tras la muerte del jefe de la insurgencia. En otro Manifiesto (escrito el 14 de noviembre de 1811), esta vez por el obispo de Puebla, con dedicatoria al virrey Venegas, se hace alusión al carácter sacerdotal de Hidalgo y se le relaciona con el reformador suizo Enrique Zwinglio60, pues él ostentaba también la sotana antes de romper con Roma: "¡Que un sacerdote, un párroco, es decir, un ministro de la ley, una luz puesta por Dios para alumbrar, sea el primer transgresor, el que derrame las tinieblas, y el autor de tantos males! ¡Qué dolor! ¡Qué deshonra para el sacerdocio!"61

A manera de conclusión.

Resumamos las opiniones religiosas que supuestamente tuvo Hidalgo, para entender la acusación de luterano o para desacreditarla.


 

Fusilamiento de Hidalgo y Allende, litografía, siglo XIX. Museo Casa de Hidalgo, Guanajuato
Memoria 20/10 © Derechos Reservados
  • Criticó al Papa, a la jerarquía eclesiástica y a las órdenes religiosas.
  • Recomendaba el estudio de la Biblia con un sentido crítico.
  • Proponía no aceptar –o dudar de– lo que no se hallara cumplida y probadamente en las Escrituras.
  • Criticó la práctica del ayuno, las mortificaciones físicas y azotes como cosas vanas.
  • Consintió que un hombre en estado eclesiástico se uniera a una mujer (desconoció en su vida personal el voto de castidad).
  • No rezaba normalmente el oficio divino ni asistía al coro.
  • Supuestamente cuestionaba los sacramentos de la confesión y la eucaristía.
  • Dudaba de la existencia de los santos.
  • Se le acusó de profanar imágenes y cosas sagradas (por el saqueo de la tropa insurgente a su llegada a los pueblos y por abanderar el estandarte de la virgen de Guadalupe).
  • Cuestionó, según las declaraciones, la virgi­nidad de María.
  • Alteró el orden como consecuencia de sus ideales erróneos.
  • Se señaló su acción de separación o cisma.

    No podemos dejar de admitir que estos elementos que la Inquisición examinó en el pensamiento de Hidalgo, parecen reflexiones cercanas a los postulados que en el siglo XVI esgrimió Martín Lutero. El reformador fue mucho más lejos en su tiempo: rechazó al Papa como vicario de Cristo y desconoció a la jerarquía eclesiástica (tanto al clero secular como a las órdenes religiosas). No sólo recomendó el estudio de la Biblia con un sentido crítico, sino que propuso su lectura y análisis libres de la interpretación de intermediarios y que éstas fueran un acto personal del individuo. Asimismo desconoció como autoridades todas las demás fuentes de la patrística. Ciertamente el otrora fraile agustino criticó el ayuno y todas las demás prácticas que fueran consideradas obras para lograr la salvación eterna. Desde luego, Lutero no sólo consintió en que los religiosos establecieran relaciones con las mujeres, sino que él mismo contrajo matrimonio con la ex monja Catalina Bora, con la cual procreó hijos, algo que provocó gran escándalo en su tiempo.

    En lo que respecta a los sacramentos, Lutero negó su eficacia como dadores de gracia santificante y solamente aceptó la práctica del bautismo y la comunión por estar justificados en las Sagradas Escrituras. Igualmente rechazó la intermediación de los santos y el culto a las imágenes. Destacó en sus escritos la figura de la virgen María como madre de Dios, pero no aceptó que se le rindiera culto y se la considerara intercesora y milagrosa. Rechazó también su calidad de Purísima Concepción.66

    Miguel Hidalgo no fue de ninguna manera luterano y tampoco cabe la menor duda de su ortodoxia. Lo más probable es que en toda su vida no haya pasado la vista a una sola línea escrita por el reformador alemán. En la lista que hizo la propia Inquisición de los libros que supuestamente leyó el caudillo insurgente, no encontramos ni un título del profesor de la universidad de Wittenberg.

    Sin duda las ideas de Lutero llegaron a oidos de Hidalgo ya muy diluidas; habían pasado por la criba secularizante del cedazo tendido a través de autores ingleses y franceses que sí llegó a tener el cura de Dolores en sus manos. Mas como excelente teólogo que dicen que era Hidalgo, no podía adoptar los postulados del protestantismo tan ajenos a la concepción tradicional católica. Si volvemos a reparar en el listado que enumera las supuestas herejías de Hidalgo, veremos que nunca dijo una palabra sobre la sola fe, la sola gracia y la sola escritura. Tampoco habló del pecado original que llevaba a cuestas el género humano sin posibilidad de erradicarlo ni sostuvo la tesis del albedrío siervo, puntos más centrales del lute­ranismo que los que anotaron pacien­temente los inquisidores.

    En síntesis, parece que las concordancias se deben a coincidencias secundarias e involuntarias. Hidalgo se pudo apartar de la escolástica aristotélica, pudo so­meter a la crítica ciertas cosas fantásticas de la Biblia (como el arca de Noé o la plaga de langostas), pudo poner en tela de juicio la existencia del infierno y de los demonios, pero no dudó en lo esencial. No podemos catalogar al Padre de la Patria, como lo hicieron los clérigos reaccionarios de su propio tiempo, como una conciencia heterodoxa. La Inquisición arbitró razones para desahuciar a los insurgentes y justificar su proscripción fundándose en que la herejía los convertía en parias sociales, entes susceptibles de ser destruidos por oponerse a los valores tradicionales católicos. El verdadero problema que enfrentaba la autoridad (Iglesia-Estado) en la Nueva España era que Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos y otros, se había levantado contra la soberanía de España y "la insurrección monstruosa en su principio, impía en su prolongación y precisamente desgraciada en sus fines", 67 llevaba consigo, a los ojos de los religiosos realistas, el sello de la reprobación de Dios. Nada más sintomático del sentir de ambos bandos que la siguiente cita, consignada por Ana Carolina Ibarra en un trabajo fundamental sobre la participación de los curas en el movimiento insurgente:

    ¿Qué diremos de los rayos que con tanto estrépito se han arrojado contra los americanos porque siguen un partido justo y unos derechos incontestables? Tal vez por esta pregunta levantan el grito algunos realistas que nos tratan como herejes. Escucharemos con dolor y sentimiento sus declamaciones, pero nuestras conciencias permanecerán seguras y tran­quilas, mientras los defensores y aduladores de España no prueben que es injusta la insurrección mexicana.68

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