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Primera Intervención Francesa

Intervención francesa

La Primera Intervención Francesa en México, también conocida como Guerra de los Pasteles, fue el primer conflicto bélico entre México y Francia, y formalmente tuvo lugar entre el 16 de abril de 1838 y el 9 de marzo de 1839.

En 1827, se había celebrado un convenio con Francia bajo el nombre de Declaraciones Provisionales, que sentaban las bases para el futuro arreglo de las relaciones entre ambos países. A través del barón Deffaudis, embajador francés, los comerciantes franceses avecindados en México enviaron una serie de reclamaciones, que fueron recibidas en París con alarma. Entre estas reclamaciones, se encontraba la del señor Remontel, dueño de un restaurante de Tacubaya, donde algunos oficiales del presidente Santa Anna en 1832 se habían comido unos pasteles sin pagar la cuenta (posiblemente fue por daños a el restaurante), por lo cual exigía ser indemnizado con sesenta mil pesos.[1] Ese fue el motivo para que el pueblo mexicano identificase esta guerra con Francia con el nombre de Guerra de los Pasteles. Adicionalmente ese mismo año, un ciudadano francés fue fusilado en Tampico, acusado de piratería, lo que tensó aún más las relaciones entre los dos países.[

Desde uno de los barcos envió Deaffaudis el ultimátum en el que presentaba las reclamaciones de los súbditos franceses en México, por los perjuicios sufridos en sus personas y propiedades durante los movimientos revolucionarios ocurridos en el país.

Como el gobierno de Anastasio Bustamante se negara a tratar con Deffaudis mientras hubiera fuerzas navales francesas frente a Veracruz, el comandante de éstas, almirante Bazoche, declaró bloqueados todos los puertos del Golfo, incautó a las naves mercantes mexicanas, comenzando un bloqueo que duraría ocho meses, desde el 16 de abril de 1838 fecha en que se rompieron las relaciones entre ambas naciones.

Al ver que México no cedía ante la presión de tener sus dos principales fuentes de ingresos fiscales bloqueadas, Francia envió en octubre veinte barcos más al mando del contralmirante Charles Baudin, veterano de las guerras napoleónicas, con el carácter de ministro plenipotenciario del gobierno francés y se reunió en Jalapa con el ministro de relaciones interiores y exteriores de México don Luis G. Cuevas para efectuar negociaciones.

En el último proyecto de bases para el arreglo, el plenipotenciario reclamaba del gobierno mexicano la celebración de un tratado de amistad, comercio y navegación entre los dos países que concediera derechos preferentes a los franceses.

Además, México debería pagar a Francia, en el término de treinta días, la cantidad de 800.000 pesos que se aplicarían del modo siguiente: seiscientos mil para la liquidación general de los daños sufridos por los franceses y doscientos mil por indemnización de los gastos de la flota francesa anclada en la costa mexicana.[2]

Hechos

Como no fueron aceptadas tales demandas por el gobierno mexicano, la flota abrió fuego contra el fuerte de San Juan de Ulúa (Batalla de San Juan de Ulúa) y la ciudad de Veracruz el 27 de noviembre de 1838, por lo que al día siguiente capitularon ambas entidades.

El gobierno de México reprobó ambas capitulaciones y expidió un decreto el 30 de noviembre anunciado que se declaraba la guerra al Rey de Francia e inmediatamente pidió a Santa Anna que se pusiera al frente de las tropas e iniciara la ofensiva contra los franceses.

Santa Anna llegó a Veracruz y se dispuso a defender la ciudad, enviando una comunicación a Baudin informándole que no habían sido aprobadas las capitulaciones. En respuesta el contraalmirante ordenó que una columna de 1.000 hombres con artillería desembarcara con el propósito de aprehender a Santa Anna, y el 5 de diciembre consiguió desembarcar en Veracruz. Éste, al darse cuenta del desembarco reunió algunas fuerzas y entabló la lucha sin resultados definitivos para una u otra parte.

Ante estas condiciones Baudin ordenó el embarco de sus tropas que fueron perseguidas por los mexicanos hasta el muelle, donde los franceses al disparar un cañón los pudieron detener resultando herido en una pierna el propio Santa Anna.

Baudín ordenó a continuación que la artillería naval hiciera fuego sobre la ciudad por lo que Santa Anna dispuso la evacuación del puerto retirándose hasta Pocitos (a una legua de la ciudad).

Puesto que Francia había bloqueado para otros países europeos el acceso a uno de los mercados más importantes de América, al mes de haber iniciado los combates en tierra, con el propósito de mediar en el conflicto, la marina británica destacó a la Flota de las Indias Occidentales, logrando que Francia suspendiera su agresión. El mediador fue el inglés Richard Pakenham, quien consiguió reunir a los representantes mexicanos don Eduardo Gorostiza y Guadalupe Victoria con el contraalmirante Baudin. El 9 de marzo de 1839 se firmó un tratado de paz, en el cual México se comprometió a pagar las indemnizaciones exigidas (seiscientos mil pesos en total), pero no se comprometía a mantener las garantías exigidas para los extranjeros en el futuro. Francia retiró, a cambio, la flota invasora, desistió de la indemnización a los gastos de guerra y el desconocimiento de las Declaraciones Provisionales de 1827 devolviendo además las naves incautadas.

 

Guerra con Estados Unidos

La guerra con los Estados Unidos (1846-1848)

 

El conflicto con Estados Unidos, originado por la anexión de Texas a la Unión Americana, hizo, entre otros factores, que se declara la guerra entre México y los Estados Unidos, el 13 de mayo de 1846. El día 6 de octubre, el barco de guerra norteamericano "Cyane" apareció en la Bahía de Guaymas, y declaró el estado de sitio. Al siguiente día atacaron, sin poder quebrar la defensa al mando del coronel Campuzano.

 

El día 7 de octubre, los norteamericanos iniciaron el ataque a Guaymas, cuyo primer objetivo fue apoderarse del barco mexicano "Cóndor", el cual fue defendido por los soldados del Batallón Activo de Sonora. El capitán Duport, jefe de los invasores, dándose cuenta de que no era tan fácil tomar el puerto, mandó una comunicación a las autoridades nacionales proponiendo el cese al fuego si los mexicanos no lo atacaban.

 

Este conflicto armado se inició por las pretensiones expansionistas de los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo primer paso fue la creación de la República de Texas —a la que el Gobierno Mexicano consideraba un territorio rebelde que podía reconquistar—, sobre una parte del territorio de Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua y Nuevo México; este hecho, sumado a la demanda de indemnización al gobierno mexicano por los daños causados en Texas durante la guerra de independencia de ese antiguo territorio coahuilense y los intereses estadounidenses en adquirir los territorios de Alta California y Nuevo México, provocaron la invasión del territorio de la República Mexicana por parte del ejército estadounidense.

La guerra se inició cuando el Presidente James Knox Polk quiso preservar el nuevo territorio adquirido (La República de Texas convertida en el Estado de Texas) enviando al ejército estadounidense, el cual debía apostarse en la supuesta frontera con México. El Presidente Estadounidense dio órdenes a sus tropas de traspasar el río de las Nueces hasta llegar al río Bravo. Texas, cuando aún era República, había intentado extender su frontera original (el río Nueces) hasta el río Bravo (que eran territorios del Estado Mexicano de Tamaulipas) mediante el Tratado de Velasco que había firmado el prisionero General Antonio López de Santa Anna y que no fue reconocido por México.

Al internarse las tropas estadounidenses en el territorio en disputa entre México y Texas, fueron atacadas y así dio inicio la guerra. La invasión se llevó al cabo posteriormente en varios frentes: en el Estado de la Alta California operaba, aún antes de la declaración de guerra, un grupo de filibusteros estadounidenses y la marina de Estados Unidos en el Océano Pacífico, una fracción del ejército de los Estados Unidos se lanzó hacia el Estado de Nuevo México, otra, con refuerzos del norte avanzó hacia el sur por Tamaulipas y Nuevo León hasta que fue detenida; posteriormente el contingente más importante y mejor reforzado desembarcó en el Puerto de Veracruz y avanzó hasta la capital de México.

Los Territorios de Nuevo México, Alta California, Baja California y los Estados de Coahuila, Veracruz, Puebla y el Estado de México; fueron ocupados. A los puertos marítimos de otros Estados se les aplicó un bloqueo naval. El Ejército Mexicano estaba al mando del General Antonio López de Santa Anna hasta la final ocupación de la capital de la República. Dando término a las acciones bélicas se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo donde México reconoció la independencia de la República de Texas, fijaba la frontera de ese Estado en el río Bravo y aceptaba la venta de los territorios de Alta California y Nuevo México a Estados Unidos a cambio de quince millones de pesos.

Ya desde 1809 se venían observando pretensiones anexionistas por parte de Estados Unidos. El Virrey de la Nueva España (aún México no era independiente) de aquel entonces inicia negociaciones con el gobierno de Washington para precisar límites entre la frontera norte novohispana y Estados Unidos. De esta manera consideraba que se frenarían los ímpetus de este país. Las gestiones del ya frágil gobierno virreinal español (que en plena guerra de la independencia española contra Francia iba perdiendo el control sobre sus colonias en América) concluyen con la firma del Tratado Adams-Onís, por el que España cede Florida, ya ocupada por tropas estadounidenses; a cambio Estados Unidos se compromete a no hacer más exigencias territoriales (Francia también había vendido la Luisiana en 1803).

En 1821 México logra su independencia de España. Dos años después (en 1823) el gobierno estadounidense reconoce a México como nación independiente y envía a Joel Robert Poinsett como representante para firmar un tratado de amistad y comercio. Se firma un tratado de límites, pero el gobierno de Estados Unidos intenta anexionar Texas en 1825 ofreciendo un millón de dólares por la compra del Estado. La propuesta se elevó a cinco millones dos años después, pero en ambos casos fue rechazada por México.

Hacia 1834 miles de colonos estadounidenses se habían establecido en Tejas, (que formaba parte de México), con el permiso del gobierno mexicano; Stephen F. Austin fue el principal promotor de llevar emigrantes anglosajones a Texas (también habían algunos colonos franceses de la Luisiana y de la Florida). Esta corriente fue alentada y apoyada también por Andrew Jackson cuyo antiguo colaborador, Samuel Houston, jugó un papel importante en el desenlace de esta invasión pacífica.

A los mexicanos les parecía injusto que los colonos estadounidenses hubieran recibido tierras gratis en Texas con unas condiciones que ellos consideraban generosas, mientras que a los colonos les resultaban injustas u onerosas: la prohibición de tener esclavos (era ilegal en México), la obligación convertirse en católicos, y además, acostumbrados a impuestos bajos y a una mayor libertad de comercio, cuando se terminó el período de importación libre que les había concedido el gobierno mexicano, se negaron a pagar tributos y apoyaron el contrabando de productos mucho más baratos que traían naves estadounidenses a través del Golfo de México. La subida al poder de Santa Anna, que estableció un régimen centralista y represivo y pretendió el desarme obligatorio de los colonos, empeoraría la situación más adelante.

Algunos prominentes generales como Manuel Mier y Terán, que en aquel entonces era general comandante de los Estados Internos de Oriente, hicieron que el congreso de México en los tiempos en los que gobernó Anastasio Bustamante aceptara una serie de propuestas entre las que figuraban las siguientes:

  • Que Texas fuera habitada por españoles mexicanos.

Sin embargo, el proyecto nunca prosperó y las pocas medidas tomadas desaparecieron hacia 1832.

Texas declaró su independencia de México en 1836 (en esa declaración sólo había un mexicano, Lorenzo de Zavala, siendo todos los demás «texanos mexicanos rebeldes» originarios de varios y diversos estados de Estados Unidos). Tras sufrir varias derrotas (la más conocida fue la batalla de El Álamo), los rebeldes vencieron finalmente a las tropas al mando de Santa Anna en la batalla de San Jacinto, capturando al presidente; este firmó en prisión el Tratado de Velasco, en el que reconoce la independencia del nuevo estado y la frontera del río Bravo. México desconoció la validez del Tratado, la independencia de Texas y el nuevo límite fronterizo (el límite entre los estados de Tamaulipas y Texas era el río Nueces). En los años siguientes se produjeron algunas incursiones militares de tropas mexicanas que llegaron a ocupar San Antonio, pero que acabaron replegándose en cada ocasión al sur de río Bravo.

En 1845 Texas ingresó como parte de Estados Unidos con categoría de estado y ese evento desencadenó los sucesos que habrían de conducir a la guerra. Ese mismo año crecieron las tensiones entre los dos países sobre estos territorios cuando el gobierno de EE.UU. ofreció pagar la deuda mexicana a los colonos estadounidenses si México permitía que EE.UU. le comprara los territorios de Alta California y Nuevo México. La propuesta fue rechazada por el gobierno mexicano. Se rompen las relaciones diplomáticas entre ambos países vecinos y se retira de Washington el representante del gobierno mexicano, Juan Nepomuceno Almonte.

El envío de tropas por el presidente estadounidense James K. Polk al territorio disputado en la frontera texana, entre el río Bravo y el río Nueces, acabó desembocando en el primer enfrentamiento entre tropas de ambos países, que se produjo el día 25 de abril de 1846 al norte del río Bravo, en el lugar llamado Rancho de Carricitos, cuando una patrulla estadounidense de 63 hombres, al mando del capitán Seth Thornton que estaba en misión de exploración fue emboscada por fuerzas al mando del general Anastasio Torrejón.

Este enfrentamiento le dio a James Polk el motivo para pedir la declaración de guerra contra México, el Congreso de Estados Unidos declaró la guerra a México el día 13 de mayo de 1846, lo que le permitiría conservar Texas y apropiarse de los codiciados territorios de la Alta California y Nuevo México como indemnización de guerra. Finalmente se terminaría el enfrentamiento armado y la invasión de casi todo el territorio mexicano con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo y la desocupación de la capital de México a partir del 2 de febrero de 1848.

Declaración de la guerra

El gobierno estadounidense hizo caso omiso de la opinión mexicana de que el límite de la frontera sur de Texas era el río Nueces, y ordenó al general Zachary Taylor establecer tropas entre los ríos Nueces y Bravo. Para México se trataba de una ocupación de territorio perteneciente a Nuevo Santander, territorio mexicano en esa época, que abarcaba lo que hoy es el Estado de Tamaulipas y el territorio al norte del río Bravo (río Grande) hasta el río de las Nueces. El general Pedro Ampudia envió al general Taylor una carta intimándole que deshiciera su fuerte y se retirara hasta más allá del río Nueces. La carta fue ignorada, y las tropas estadounidenses avanzaron más al sur, hasta la desembocadura del río Bravo, donde comenzaron a construir el Fuerte Brown.

El primer choque armado se produjo el 24 de abril de 1846 en un lugar llamado Rancho Carricitos, que se encuentra en Texas, al norte del río Bravo y cerca del actual territorio mexicano de Tamaulipas, cuando dos mil lanceros de la caballería mexicana capturaron una unidad de 63 dragones estadounidenses en misión de exploración.

Inmediatamente el presidente Polk solicitó al Congreso una declaración de guerra, iniciando su discurso con las famosas palabras: «Sangre estadounidense ha sido derramada en suelo estadounidense...» (El enfrentamiento se había producido en la zona de territorio que EE.UU. reclamaba como propio). El congreso de EE.UU. declaró la guerra el 13 de mayo de 1846. Los estadounidenses norteños y los whigs (republicanos) generalmente se opusieron a la guerra mientras que los sureños esclavistas y los demócratas tendieron a otorgar su apoyo. Por su parte, el general Taylor inició las hostilidades aún sin haber recibido la noticia de la declaración de guerra formal entre los dos países y así presentó batalla a los mexicanos al mando de Arista en Palo Alto y en la Resaca de la Palma o Resaca de Guerrero, el 8 y 9 de mayo.

México declaró la guerra diez días después, el 23 de mayo de 1846, enfrentando así una guerra para la que no estaba preparado ni económica, ni militarmente, teniendo un ejército que resultó no siempre equipado para el combate, y según el historiador Vicente Riva Palacio, en su obra México a Través de los Siglos, citado por Humberto Mussachio: «sus jefes, más preocupados por obtener empleos bien remunerados y otros privilegios, principalmente Santa Anna actuaron, con sus excepciones, impulsados por la cobardía y la traición».[]

Batallas

Después de las declaraciones de guerra, las fuerzas estadounidenses invadieron territorio mexicano en diversos puntos. En el Pacífico, la fuerza naval al mando de John D. Sloat fue enviada para ocupar California y reclamarla para EE.UU. debido a preocupaciones de que Gran Bretaña también intentase ocupar el área. Sloat se alió con colonos anglosajones del norte de California quienes previamente habían declarado una República Independiente de California y habían ocupado varias ciudades clave.

El gobierno de Estados Unidos ordenó a su ejército atacar los siguientes puntos de México: Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y otros puntos hacia el sur. También invadió Monterey (Alta California). Por otra parte, se bloquearon los puertos de Tampico, Carmen, Guaymas, Mazatlán y San Blas, entre otros.

El 7 de agosto de 1845, el Comodoro estadounidense David Connor intentó sin éxito tomar el Puerto de Alvarado, Veracruz. El 15 de octubre de 1846 volvería a fracasar en el empeño (Batalla de Santa Teresa (1846)).

Mientras tanto, las tropas del ejército de EE.UU. (bajo el mando de Stephen W. Kearny) ocuparon Santa Fe (Nuevo México); posteriormente Kearny condujo una pequeña tropa a California, donde, después de algunos reveses iniciales, se unió con las fuerzas navales bajo el mando de Robert F. Stockton para ocupar San Diego y Los Ángeles.

La fuerza principal guiada por Taylor continuó a través del río Bravo hacia México, derrotando a las fuerzas de Pedro Ampudia en la batalla de Monterrey en septiembre de 1846, tras una fiera resistencia de los regiomontanos que resistieron durante varias semanas.

El 23 de octubre de 1846, las tropas estadounidenses abordo de 7 buques al mando del Comodoro Matthew C. Perry, tomaron el puerto de Frontera, Tabasco que se encontraba sin guarnición, y el 25 de octubre enfilaron sobre la capital del estado San Juan Bautista emplazando a las autoridades tabasqueñas a rendirse, solicitud que fue rechazada por el Gobernador Juan Bautista Traconis, iniciando así la Primera Batalla de Tabasco, la que terminó el 26 por la tarde con una victoria de las fuerzas tabasqueñas, siendo esta una de las pocas batallas ganadas por México en esta guerra. Los estadounidenses se retiraron hacia el puerto de Frontera iniciando un bloqueo para impedir la entrada de víveres y bastimientos para las tropas tabasqueñas.

El Gobernador Juan Bautista Traconis, solicita al gobierno mexicano apoyo con pertrechos de guerra, pero al no recibirlos, el 9 de noviembre declara a Tabasco separado de la nación mexicana. Sin embargo el 8 de diciembre, se levanta en la capital del estado un ácta rectificando la separación.

Al tiempo el Estado de Yucatán se independizó por segunda vez y se produjo un levantamiento federalista en la ciudad de México, derrocándose el gobierno de Mariano Paredes y propiciándose el regreso de Santa Anna de su exilio cubano en diciembre de 1846, estableciéndose un nuevo gobierno con Valentín Gómez Farías como vicepresidente.

Santa Anna marchó personalmente hacia el norte para enfrentarse a Taylor en la Batalla de la Angostura, conocida en los EE.UU. como Batalla de Buena Vista el 22 y 23 de febrero de 1847. A pesar de ir ganando la batalla, al caer la noche Santa Anna interrumpió el combate declarándose vencedor y emprendió una inmediata retirada (muy discutida y criticada por la historiografía mexicana) que en la práctica equivalió a una derrota y que sorprendió al mismo Taylor. Lo no discutible es que la invasión fue detenida en este punto.

Santa Anna deja a Gómez Farías como presidente interino del país con la encomienda de que hiciese acopio de recursos para afrontar la guerra, a tal efecto en enero de 1847 se emite una ley que autorizaba al gobierno federal a apropiarse de los bienes de la Iglesia por valor de 15 millones de pesos. Ante esta ley, el pueblo y el clero se levantan en armas en la ciudad de México hasta el punto de que la muchedumbre enardecida impidió que Gómez Farías pudiera salir del Palacio Nacional. Frente a esta situación, Santa Anna se vio obligado a abandonar temporalmente las acciones. Ya en la ciudad de México, anuló el decreto a cambio de una aportación "voluntaria" del clero por 100 mil pesos.

Mientras tanto, en vez de reforzar las tropas de Taylor para un avance continuo, el presidente Polk abrió un segundo frente, mandando un ejército bajo el mando del general Winfield Scott en marzo de 1847, que se transportó por mar, con parte de las fuerzas de Taylor, al puerto de Veracruz, para iniciar la invasión del centro de México.

Scott ganó el puerto de Veracruz tras un cruento bombardeo donde murieron muchos civiles, y marchó hacia la Ciudad de México con ayuda de la Mexican Spy Company («Compañía de espías mexicanos»), un grupo de mexicanos que apoyaron al lado estadounidense y actuaron como guías, ayudando a ganar la batalla de Cerro Gordo.

En el otro frente, el 16 de junio de 1847, nuevamente las tropas estadounidenses al mando de Matthew C. Perry, atacan la capital tabasqueña San Juan Bautista, desarrollándose la Segunda Batalla de Tabasco, pero en esta ocasión sin víveres ni bastimentos militares suficientes, la capital cae en poder de los estadounidenses, y el Comodoro Perry nómbra al General Vant Brunt Gobernador de Tabasco.

Después de que Scott tomó Puebla sin encontrar resistencia se dieron las importantes batallas de Padierna, Churubusco y Molino del Rey; el castillo de Chapultepec cayó, en una defensa en la que intervinieron los jóvenes cadetes de ese plantel militar y muriendo varios de ellos, (los Niños Héroes). Durante el asalto cayeron prisioneros los generales Mariano Monterde (Director del Colegio Militar de México) y Nicolás Bravo (Antaño héroe de la independencia).

La caída de Chapultepec tuvo dos consecuencias inmediatas: la ocupación por los estadounidenses de la ciudad de México y la nueva renuncia de Santa Anna a la presidencia del país.

Fin de la guerra

El Tratado de Cahuenga, firmado el 13 de enero de 1847, en Los Ángeles, finalizó las disputas en California. El nuevo gobierno encabezado por Manuel de la Peña y Peña inició las negociaciones de paz con los Estados Unidos que culminaron con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, totalmente redactado por Estados Unidos; firmado en la villa de Guadalupe Hidalgo (Hoy parte de la Ciudad de México) el 2 de febrero de 1848, el cual finalizó la guerra y otorgó a EE.UU. el control sobre Texas, el territorio en disputa entre México y Texas que comprendía toda la tierra al norte del Río Bravo y los territorio conocidos como Alta California y Santa Fe de Nuevo México; apropiándose de lo que hoy son los Estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado,Wyoming, Kansas y Oklahoma. Significando esto para México, la pérdida más de 800.000 millas cuadradas (más de 2.100.000 km²) de tierra, 55% de su territorio nacional. A cambio, Estados Unidos pagaría en 3 pagos, 15.000.000 de dólares como gastos de guerra y cubriría los daños sufridos por sus connacionales en México.

Los territorios anexados contenían aproximadamente 7,000 habitantes Mexicanos en Alta California y cerca de 100,000 habitantes en Nuevo México. Aunque esta cifra sólo contemplaba a los de origen español. Ya muchas tribus indígenas hablaban español y no se contabilizaban en esos censos, por lo que es probable que hubiera aún más habitantes que esos reportados en Nuevo México.

México perdió el 51% de su territorio durante la guerra, cediéndolo a Estados Unidos. Santa Anna huyó al autoexilio a Venezuela. En EE.UU., la victoria en la guerra trajo un surgimiento de patriotismo, y con la adquisición de los territorios al oeste —en 1846, Estados Unidos había adquirido la parte sur de Oregón— parecía cumplirse con las creencias del «destino manifiesto».

Mientras que el filósofo y escritor Ralph Waldo Emerson rechazó la guerra como un «medio de obtener el destino de Estados Unidos», tuvo que aceptar que «la mayoría de los grandes resultados de la historia se han logrado por medios indignos». La guerra hizo de Zachary Taylor un héroe nacional, un partidario whig sureño, quien fue elegido como presidente en las elecciones de 1848.

Sin embargo, este período de euforia nacional no duraría mucho tiempo. La guerra había sido ampliamente respaldada en los estados sureños pero fue rechazada por los estados del norte. Esta división se desarrolló extensamente debido a las expectativas de cómo la expansión de Estados Unidos afectaría al tema de la esclavitud.

En ese tiempo, Texas reconoció la institución de la esclavitud, pero México no lo hizo (la esclavitud estaba prohibida en México desde la firma de la constitución federal de 1824). Muchos abolicionistas (antiesclavistas) norteños vieron la guerra como un intento de expandir la esclavitud y asegurar su influencia continua en el gobierno federal por parte de los dueños de esclavos. El escritor estadounidense Henry David Thoreau publicó su ensayo Desobediencia civil y se rehusó a pagar impuestos para solventar la guerra debido a que la consideraba una guerra injusta y de intereses imperialistas.

Durante el primer año de la guerra, el congresista demócrata David Wilmot introdujo una ley que prohibía la esclavitud en cualquier territorio capturado de México. Esta ley, que se conoció como el Proviso (cláusula) Wilmot causó una protesta inmediata de los sureños en ambos lados del congreso.

Para los sureños, parecía que el norte estaba dispuesto a abandonar la paridad dentro del senado, y la cláusula de Wilmot encendió la hostilidad entre las dos secciones. La ley por sí misma fue aprobada por la Casa de Representantes, pero falló en el Senado, con ambos votos en las líneas seccionales.

En 1848 los demócratas (pro esclavistas) propusieron una nueva solución al tema de cuáles territorios podrían tener permiso de esclavitud, conocida como «soberanía popular». Esto permitía a los votantes dentro del territorio a determinar por ellos mismos si permitirían la esclavitud dentro de su territorio. El Acta de Kansas-Nebraska en 1854 hizo más popular la soberanía popular de las tierras, deshaciendo el Compromiso de Misuri. En protesta de estas acciones, el Partido Republicano se organizó ese año con oponentes de la expansión de la esclavitud.

Ulysses S. Grant, que sirvió en la guerra bajo el mando de Scott, consideraría más tarde que esta guerra fue una de las causas de la Guerra Civil Estadounidense: «La ocupación, separación y anexamiento [de Texas] fue... una conspiración para adquirir territorio del cual los estados esclavistas pudiesen formar una unión americana». El también dijo "No creo que haya habido una guerra más injusta como la que Estados Unidos le hizo a México, era seguir el mal ejemplo de las Monarquías Europeas".[3] Muchos de los altos rangos de la guerra de Intervención pelearon en la posterior Guerra Civil, incluyendo a Grant, Ambrose Burnside, George McClellan, Stonewall Jackson y Robert E. Lee.

 

Revolución Francesa

La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras numerosas naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema denominado del Antiguo Régimen. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.

Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía constitucional durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida que le derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.

La corriente de pensamiento vigente en Francia era la Ilustración, cuyos principios se basaban en la razón, la igualdad y la libertad. La Ilustración había servido de impulso a las Trece Colonias norteamericanas para la independencia de su metrópolis europea. Tanto la influencia de la Ilustración como el ejemplo de los Estados Unidos sirvieron de «trampolín» ideológico para el desarrollo de la revolución en Francia.

Causas

En términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución: un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante; el surgimiento de una clase burguesa que nació siglos atrás y que había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnar el político; el descontento de las clases populares; la expansión de las nuevas ideas liberales; la crisis económica que imperó en Francia tras las malas cosechas y los graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la independencia de Estados Unidos. Ésta intervención militar se convertiría en arma de doble filo, pues, pese a ganar Francia la guerra contra Gran Bretaña y resarcirse así de la anterior derrota en la Guerra de los Siete Años, la hacienda quedó en bancarrota y con una importante deuda externa. Los problemas fiscales de la monarquía, junto al ejemplo de democracia del nuevo Estado emancipado precipitaron los acontecimientos.

Desde el punto de vista político, fueron fundamentales ideas tales como las expuestas por Voltaire, Rousseau o Montesquieu (como por ejemplo, los conceptos de libertad política, de fraternidad y de igualdad, o de rechazo a una sociedad dividida, o las nuevas teorías políticas sobre la separación de poderes del Estado). Todo ello fue rompiendo el prestigio de las instituciones del Antiguo Régimen y ayudaron a su desplome.

Desde el punto de vista económico, la inmanejable deuda del estado fue exacerbada por un sistema de extrema desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiados, nobleza y clero, no tenían obligación de pagar, pero que sí oprimía al resto de la sociedad. Hubo un aumento de los gastos del Estado simultáneo a un descenso de la producción agraria de terratenientes y los campesinos, lo que produjo una grave escasez de alimentos en los meses precedentes a la Revolución. Las tensiones, tanto sociales como políticas, mucho tiempo contenidas, se desataron en una gran crisis económica a consecuencia de los dos hechos puntuales señalados: la colaboración interesada de Francia con la causa de la independencia estadounidense (que ocasionó un gigantesco déficit fiscal) y el aumento de los precios agrícolas.

Despotismo Ilustrado

En la tercera mitad del siglo XVII, algunos reyes intentaron conciliar el absolutismo con las ideas de progreso de la ilustración. Surgió así el despotismo ilustrado, una forma de gobierno resumida en el principio "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". En ella, el monarca siguió concentrando todos los poderes, pero se consideró el primer servidor del Estado, llevando a cabo ciertas reformas para alcanzar el progreso y la felicidad de sus súbditos.

El despotismo ilustrado se impuso en numerosos estados, como Francia con Luis XV, España con Carlos III, Portugal con Jose I, Rusia con Catalina II, Austria con José II y Prusia con Federico II. Estos monarcas ilustrados llevaron a cabo en sus países diversas reformas: centralizaron la administración, unificando la legislación y las instituciones de todo el territorio; modernizaron la economía, fomentando la agricultura, la industria y el comercio; mejoraron las condiciones de vida del tercer estado; intervinieron en los asuntos de la iglesia, permitiendo la venta de alguno de sus bienes o expulsando a las órdenes religiosas que se oponían a sus principios, como los jesuitas; y fomentaron la instrucción pública, las ciencias y las artes.

Fue la forma de gobierno que algunos monarcas europeos, intentaron aplicar a principios de la Ilustración sin renunciar a ninguno de sus derechos. "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo": daban educación, sanidad, para tener al pueblo contento.

Aunque a lo largo del siglo XVIII el Estado absolutista conoció cambios en su funcionamiento, éstos no afectaron a la estructura fundamental del poder absoluto. Con el sistema político instaurado por las monarquías reformistas se observa que el monarca sigue siendo el centro de poder y no tiene obligación de justificar sus acciones, las ideas de la Ilustración empiezan a hacerse ver entre las técnicas políticas. El absolutismo ilustrado seguía un principio básico, aumentando el bienestar del pueblo y dándole una educación básica, pero no excesiva, se conseguía que el nivel cultural del pueblo aumentase, aumentaban las posibilidades económicas de los más desfavorecidos.

A pesar de que los filósofos ilustrados criticaron la política y la sociedad de su época, no pretendieron que los cambios se dieran por la vía revolucionaria; confiaban más bien en un cambio pacífico orientado desde arriba para educar a las masas no ilustradas. Varios monarcas aceptaron las ideas propuestas por la ilustración y dieron origen al absolutismo ilustrado.

Los problemas del Estado absolutista requerían de la colaboración de hombres cualificados y con nuevas ideas, dispuestos a reformar e impulsar el desarrollo político y económico de las naciones. El monarca ilustrado es un soberano que acepta los principios de la Ilustración y desea ponerlos en práctica para lograr una mayor eficacia en el Estado, en beneficio de éste y de los súbditos.

En los Estados donde la monarquía absoluta era débil y la aristocracia poderosa, como Suecia, Dinamarca o Polonia, la monarquía tenía que compartir su soberanía con los estamentos privilegiados. Por el contrario, las nuevas grandes potencias del siglo XVIII con monarquías absolutas poderosas, como Prusia y Rusia, crearon un ejército potente y una burocracia eficaz a lo largo del siglo.

Por otra parte, era una manera de dar una nueva imagen de las monarquías absolutas para que parecieran una forma de gobierno más transigentes con el pueblo, una manera de mejorar la imagen de las Coronas ante los ojos de los Ilustrados de ideas más renovadoras y revolucionarias.

 El  régimen político más extendido en el  siglo XVII es el absolutismo.  El absolutismo del siglo XVIII recibe el nombre de “Despotismo Ilustrado”, que se puede definir como “la utilización de la ideología ilustrada por parte de las leyes absolutas para mantener su absolutismo”. 

La Ilustración es un pensamiento crítico y reformista. Los reyes absolutos, pues, del siglo XVIII (los llamados “déspotas ilustrados”), toman de la Ilustración lo que les conviene y, apoyándose en ella, introducen en sus estados una serie de reformas y mejoras importantes: suprimen los restos que aún quedaban de feudalismo (es el caso de Federico II de Prusia y María Teresa de Austria); protegen la agricultura con la construcción de canales y pantanos y con la introducción de nuevos cultivos; urbanizan y modernizan las ciudades (Carlos III de España fue el que convirtió a Madrid en ciudad moderna abriendo  grandes avenidas, construyendo monumentos y dotándola de alumbrado público).

La Ilustración.

La Ilustración fue un movimiento cultural europeo que se desarrolló –especialmente en Francia e Inglaterra– desde principios del siglo XVIII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó durante los primeros años del siglo XIX. Fue denominado así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces.

Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, y construir un mundo mejor. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos económicos, políticos y sociales de la época. La expresión estética de este movimiento intelectual se denominará Neoclasicismo. La Ilustración no es más que «una etapa histórica de la evolución global del pensamiento burgués»

Siglo XVIII: el inicio de las revoluciones

El siglo XVIII constituye, en general, una época de progreso de los conocimientos racionales y de perfeccionamiento de las técnicas de la ciencia. Fue un período de enriquecimiento que potenció a la nueva burguesía, si bien se mantuvieron los derechos tradicionales de los órdenes privilegiados dentro del sistema monárquico absolutista. Sin embargo, la historia del siglo XVIII consta de dos etapas diferenciadas: la primera supone una continuidad del Antiguo Régimen (hasta la década de 1770), y la segunda, de cambios profundos, culmina con la Revolución Estadounidense, la Revolución francesa y Revolución industrial en Inglaterra.

Esta corriente abogaba por la razón como la forma de establecer un sistema autoritario ético. Entre 1751 y 1765 se publica en Francia la primera Enciclopedia, de Denis Diderot y Jean Le Rond D’Alembert, que pretendía recoger el pensamiento ilustrado. Querían educar a la sociedad, porque una sociedad culta que piensa por sí misma era la mejor manera de asegurar el fin del Antiguo Régimen (el absolutismo y las dictaduras se basan en la ignorancia del pueblo para dominarlo). En su redacción colaboraron otros pensadores ilustrados como Montesquieu, Rousseau y Voltaire.

Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía (periodo que ellos creían iniciado durante la llamada Edad Oscura). Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían las revoluciones Guerra de la Independencia de los Estados Unidos y Revolución francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo. En la música estaba acompañado por el movimiento barroco y en las artes por el movimiento neoclásico.

 

Revolución Industrial.

La Revolución Industrial.

La Revolución Industrial floreció en la década de 1780 en Inglaterra. Ésta significó el fin de los medios de producción antiguos, debido al surgimiento de la difusión de nuevas tecnologías en el sistema de producción y transportes. También se vieron modificados los procesos de producción agrícolas, se crearon nuevas y complejas redes comerciales y nuevas funciones del sector financiero.

Una de las condiciones decisivas  para que se lograra el desarrollo de la Revolución Industrial, fue el crecimiento demográfico, que significó mayor cantidad de consumidores, además significó mayora cantidad de fuerza de trabajo, lo cual abarataba la mano de obra.

La elaboración de productos, pasó a ser de manual o artesanal a una producción en serie. Con esto, la calidad de lo elaborado disminuyó, pero también disminuyeron los precios. Por ende estas nueva forma de producción provocó el cierre de talleres artesanales, los trabajadores que los componían pasaron a ser obreros asalariados (proletariado), si corrían con suerte, sino pasaban a engrosar el número de desempleados.

La industria textil fue la primera en desarrollarse. Los medios de transporte se transformaron, gracias a la maquinaria de vapor, las mercancías pudieron ser transportadas con mayor rapidez y a largas distancias.

Consecuencias políticas y sociales.

El desarrollo industrial atrajo grandes masas de trabajadores a las ciudades, las cuales estaban compuestas por campesinos desposeídos que iban a las ciudades a buscar una forma de sustento. Dichos centros de población pronto se vieron saturados y se sufrió el problema de escasez de vivienda y falta de servicios básicos.

En periodos de auge, estas masas eran absorbidas por las fabricas, pero en periodos de crisis, los despidos masivos no se hacían esperar, generando otro problema más, el desempleo y la desigualdad social y la miseria. Esto dio cada vez mayor poder a la clase burguesa, ahora llamada clase industrial, sobre la masa de trabajadores, de tal forma que los obreros tenían que trabajar jornadas de quince horas si querían conservar su empleo.

Ante el avance tecnológico, creció la producción, pero la planta laboral disminuyó los pocos beneficios que tenía. La mano de obra iba siendo desplazada poco a poco por la maquinaria.

Resistencia en la Isla de Mezcala

Mezcala. Un espejo y un corazón.

Mezcala: un espejo y un corazón

Al acercarse la conmemoración del bicentenario de la independencia de México, Mezcala, su laguna, su isla, sus tierras, han vuelto a ser apetecidas por el gobierno federal, por el gobierno estatal y por el gobierno municipal. Pero el pueblo Coca de Mezcala tiene una conciencia profundamente arraigada en su pasado ancestral, posee una historia de resistencia y está orgulloso de su identidad indígena. Se defienden, resisten, denuncian y construyen la autonomía en sus bellos territorios.

Jorge Alonso

Las luchas de una gran variedad de gentes por su autonomía demuestran un impulso de larga duración que va transformando continuamente tanto al grupo como a la realidad en la que vive. Es el caso de la comunidad indígena de Mezcala. En el Lago de Chapala, el más grande de México, este pueblo mantiene una estrategia de resistencia y de defensa de sus tierras y de sus derechos que viene de siglos atrás y que se ha ido adaptando a las circunstancias cambiantes sin someterse a ellas.

FUNDADO POR LOS AZTECAS

Los habitantes actuales de Mezcala tienen muy presente sus orígenes. En un letrero a la entrada del pueblo se anuncia que Mezcala es un pueblo fundado por un grupo de aztecas que en su viaje hacia el valle de México se quedaron allí. Están orgullosos de las cerámicas precolombinas que se encuentran en su territorio, de una cueva, de sus pinturas rupestres, de sus petroglifos, de unas grandes piedras que en el cerro evocan las creencias religiosas sobre la lluvia. Están muy orgullosos de la isla que está frente a la población.

Como es un poblado protegido por una gran montaña al lado de la laguna, sus habitantes han sabido aprovechar la geografía, poco accesible, para conservar sus costumbres. No obstante, han ido negociando hibridaciones e incorporando elementos nuevos, sin permitir que éstos los dominen. Dicen que sus fiestas datan de tiempos anteriores a la Conquista española, pero las han revestido del santoral católico y les han añadido las fiestas patrias.

A principios de los años 90 la modificación salinista del artículo 27 permitió la venta de tierras en posesión de ejidatarios y comuneros. Se acrecentaron entonces las presiones sobre los comuneros de Mezcala para que vendieran sus tierras, muy apetecibles por la belleza del lugar, codiciado por proyectos turísticos. Pero los comuneros de Mezcala han sido tenaces en una dura oposición a la privatización y no han aceptado los programas Procede y Procecom, el primero un programa oficial de titulación de derechos ejidales y titulación de solares, y el segundo la traducción de ese programa a los terrenos comunales. Con la llegada de un gobierno de derecha -panista- al estado de Jalisco, se alentó la privatización del campo jalisciense. Además, con la complicidad de un comunero, una persona allegada al equipo del primer gobernador panista invadió a finales de su administración, una parte alta del monte comunal, con una vista privilegiada de la laguna. Desde entonces los comuneros han entablado una movilización social y una lucha jurídica para enfrentar a este hombre, protegido de poderosos políticos.

ES UN LUGAR SAGRADO

En 2002 la comunidad de Mezcala sufrió una incursión más del gobierno y de los empresarios que han estado codiciando sus tierras. En lugar de construir una carretera siguiendo el camino antiguo al lado de la laguna, hicieron un trazo en el cerro comunal, con el objetivo de abrir terrenos para los fraccionamientos y el turismo. La intención: el ingreso de la inversión extranjera a la comunidad.

Con la intensificación de las presiones sobre la comunidad, también se ha intensificado, la resistencia. Los comuneros de Mezcala buscaron aliados en su lucha para conservar sus tierras y tradiciones, y los encontraron en el Consejo Nacional Indígena. En particular, han estrechado vínculos con los wixaritari (huicholes), quienes consideran el Lago de Chapala un lugar sagrado al que vienen desde sus lejanas tierras a hacer ofrendas a la laguna para pedir la vida y el agua.

Con entusiasmo, la comunidad de Mezcala se adhirió a la Otra Campaña zapatista, y cuando el Subcomandante Marcos visitó Jalisco en mayo de 2006 la comunidad participó en actos masivos de la Otra Campaña. Se presentó como comunidad indígena Coca, como pueblo histórico dueño de su propio territorio. Argumentaron que esa identidad la fundaban en documentos antiguos, pero que eso lo sabían no sólo por los papeles, sino también por sus padres, madres, abuelos, tíos, por todos los que habían luchado por tierra y libertad en aquel territorio. Por el orgullo de su origen indígena, la comunidad sostenía que Mezcala era un pueblo que siempre había estado en la Otra Campaña. En aquella ocasión expresaron que en la Otra Campaña no ponían una esperanza sexenal, pues no buscaban ni presidente ni partido político, sino la solución de sus problemas. Y que su experiencia los había convencido de que eso lo lograrían desde abajo, recuperando sus raíces indígenas, defendiendo la tierra y reconstruyendo su sentir y actuar comunitario.

CUENTAN CON EL RESPALDO
DE OTROS PUEBLOS

En noviembre de 2006 la comunidad de Mezcala organizó el Foro Nacional en Defensa de la Madre Tierra y la Autonomía de los Pueblos Indígenas, evento en el que fortaleció relaciones con otros pueblos indígenas en torno a la defensa del agua, del maíz, del territorio, de la medicina tradicional y del autogobierno. Los comuneros de Mezcala señalaron que si hacía dos siglos 400 indígenas habían enfrentado exitosamente a 8 mil elementos del Ejército Real Español, hoy miles de indígenas derrotarían a quienes querían despojarlos de sus tierras y costumbres.

En marzo de 2007, en la reunión de la región Centro-Pacífico del Congreso Nacional Indígena, participaron los comuneros de Mezcala bajo la denominación de pueblo Coca. Al final de esta reunión los pueblos participantes emitieron la Declaración de Tuxpan. Señalaban el constante ataque y hostigamiento que vivían los pueblos indios por los partidos políticos y por las iglesias que trabajan a favor del capital para lograr el debilitamiento y la división de sus asambleas, de sus autoridades y de sus culturas.

Entre las denuncias de todos los grupos indígenas participantes se incluyó la denuncia de la utilización del bosque comunal de la comunidad indígena Coca de Mezcala como pista para carreras de motocross auspiciadas por las autoridades municipales y por los clubs de motociclistas del Estado de Jalisco, instalados en el territorio de la comunidad, pese al rechazo de los comuneros, utilizando su territorio como parque privado de diversión y con gran daño a la ecología.

En la Declaración de Tuxpan se anunció que los pueblos indios, para seguir existiendo, continuarían fortaleciendo su autonomía en los hechos. La declaración fue firmada por pueblos indígenas de Morelos, Durango, México, Colima, Guerrero y Jalisco.

UNA CELEBRACIÓN POLÉMICA

El 25 de noviembre de 2007 los indios de Mezcala volvieron a invocar la historia y a sus muertos para proclamar que su tierra no la vendían, sino que la defendían, quejándose de que cada 25 de noviembre su pueblo se llenaba de funcionarios municipales y gubernamentales que llegaban a celebrar la lucha que se escenificó en la isla durante la guerra de independencia, pero que a esos personajes se les olvidaba que los actuales pobladores eran hijos legítimos de aquella resistencia. Remarcaron que la lucha de sus antepasados no había terminado.

No sólo el cerro comunal de Mezcala se encuentra en peligro. También lo está esa histórica isla donde sus antepasados lucharon durante cuatro años en la guerra de independencia y no fueron vencidos, pese a la superior tecnología militar de los ejércitos realistas. El gobernador panista de Jalisco ha querido ver la isla como propiedad del gobierno y con motivo de la preparación de la celebración oficial del bicentenario de la independencia, el gobierno estatal y el municipal empezaron a hacer labores en la isla, pero sin consultar a la comunidad.

La idea lanzada por personas del gobierno es que el Presidente de la República esté en la isla en uno de los actos celebratorios del bicentenario en 2010. Los comuneros han invitado a indígenas de Oaxaca para que en 2008 asistan al foro conmemorativo de la resistencia de la isla. Por su cuenta y con sus medios, han estado programando hacer, al margen de las autoridades estatales de todos los niveles, su propia celebración del bicentenario.

SOMOS LOS DUEÑOS,
NO SOMOS PIEZAS FOLCLÓRICAS

Habiendo existido la comunidad desde antes de la llegada de los españoles, ahora los de arriba, enfrascados en los programas de la celebración del bicentenario de la independencia intentan no reconocer a la comunidad indígena. Los comuneros protestan porque les quieren imponer otra forma de gobierno, externa, cuando ellos tienen su propio sistema. Los de arriba pretenden hacer a un lado el gobierno tradicional de la comunidad, para imponer cambios en el uso del suelo.

En diciembre de 2007 la comunidad tuvo que levantar la voz contra los trabajos que se empezaron a hacer, sin su consentimiento, en la isla de Mezcala. Se opusieron a los planes de convertir el lugar en un centro turístico especial para extranjeros, donde los indígenas fueran sólo objetos folclóricos y curiosidades del paisaje. Se quejaron de que se utilizaba maquinaria pesada sin las debidas autorizaciones y sin los peritajes y, sobre todo, sin ninguna consulta a la comunidad. Subrayando su propiedad sobre tierras, montañas, agua y monumentos, los indígenas acusaron a las autoridades municipales, estatales y federales de violar tratados internacionales en materia de protección de los derechos de la cosmovisión de la cultura indígena.

Un perito imparcial dio la razón a los comuneros y constató que las obras que se estaban haciendo en la isla eran incorrectas, con descuidos, omisiones y negligencias, como la demolición de una pieza de la estructura de defensa del fuerte, la falta de criterio en la separación de escombros y vestigios, o la ausencia de un proyecto arquitectónico y arqueológico completo.

NO VENDEMOS NUESTRO CORAZÓN

Los comuneros han dicho que la isla es el corazón de su comunidad, y que las autoridades trataban de convertir ese corazón en una mercancía para el negocio turístico. En noviembre de 2007 los comuneros hicieron un pronunciamiento: “En la Isla de Mezcala pulsa y vive la sangre de nuestros antepasados, en ella se refugia la memoria de nuestro pueblo y en ella reafirmamos nuestra identidad como pueblo originario. Cada 25 de noviembre nuestra historia, junto con nuestros muertos, los antepasados, pasean por el pueblo, por el lago, por la isla. Salen y susurran en nuestro oído los cuidados que debemos de tener a nuestro territorio, a nuestra herencia… La tierra no la vendemos, más bien la defendemos pues es el recuerdo más cercano que nos une con ellos”.

MEZCALA ES UN ESPEJO

A principios de 2008 la Asamblea General de comuneros, como autoridad tradicional de la comunidad indígena de Mezcala, convocó a pueblos indígenas y a la sociedad civil a un encuentro para discutir, analizar y denunciar a los actores y promotores de las invasiones a sus territorios indígenas para robarles lo que desde tiempos inmemoriales les pertenece. El sitio de la reunión sería al lado de donde un empresario de Guadalajara había construido una lujosa residencia en territorio de la comunidad. Denunciando el despojo de sus territorios, mostraron que lo que en Mezcala pasa es un espejo en donde se miran todos los pueblos indígenas del país.

Hubo un gran apoyo a los comuneros de Mezcala de representantes de pueblos indios del Congreso Nacional Indígena y de participantes de la Otra Campaña de Jalisco. Al exponer sus problemas ante los diferentes representantes de otros pueblos indios, los comuneros de Mezcala dijeron que se encontraban ante “una nueva guerra de conquista”, que tenían muy presente lo que sus abuelos les habían enseñado y que con esa sabiduría diseñaban su resistencia, su lucha y sus propios planes para convivir en ese territorio.

“HEMOS SUFRIDO LO MISMO”

Al final del evento los participantes dieron a conocer esta declaración: “Los Pueblos Indígenas P’urhepecha, Wixárika y Nahua de los Estados de Jalisco y Michoacán presentes en la Comunidad de Mezcala, Jalisco, durante la celebración de la conmemoración de la Titulación Virreinal de sus tierras, manifestamos nuestro total rechazo a las pretensiones de los malos gobiernos federal, estatal y municipal, en contubernio con empresarios y caciques de despojar a nuestros hermanos Cocas de Mezcala de sus recursos, patrimonio histórico y territorio. Sabemos por nuestra propia experiencia que escondidos detrás de supuestos objetivos de “progreso”, “protección ambiental y arqueológica” o “desarrollo”, se encuentran las ambiciones de los poderosos de explotar para su beneficio los recursos aún preservados por nuestros pueblos y comunidades
gracias a nuestra resistencia de siglos”.

“Reconocemos que nuestros hermanos de Mezcala han sido durante toda la historia uno de los pueblos que han encabezado con más fuerza las luchas de la dignidad india y que con su sangre ayudaron a la preservación de la integridad e identidad de nuestro país. Por eso es doblemente indignante que Jalisco ni siquiera les haya dado el reconocimiento de Pueblo Indígena, ni por lo tanto, de legítimos dueños de sus tierras y territorios, que ancestralmente han defendido incluidas las aguas de la Laguna de Chapala y la Isla de Mezcala”.

“Las comunidades presentes en este evento, hemos sufrido igualmente el embate que contra los Pueblos están llevando a cabo los intereses capitalistas, ahora globalizados, contra los recursos que tradicionalmente han formado parte de nuestras culturas, desde los genéticos hasta nuestros bosques, aguas, minerales y tierras, en su intento por mercantilizar todo, queriendo extender con esto el daño que ya han causado estas lógicas de mercado en casi todo el mundo y en contra de nuestra visión sagrada de cuidado y responsabilidad hacia la Madre Tierra”.

EL DERECHO A LA AUTONOMÍA

Los pueblos pertenecientes al Congreso Nacional Indígena que se solidarizaron con la lucha de los comuneros de Mezcala también se pronunciaron en contra de la política neoliberal del Estado mexicano y en contra de la militarización y paramilitarización, pues bajo el pretexto de combatir al crimen organizado, militares y policías invaden territorios indígenas y protegen a quienes han estado despojando a los pueblos indios.

Levantaron la voz contra los medios ilícitos de apropiación que estaban utilizando los ricos nacionales y extranjeros para despojar a los pueblos de sus recursos. Se opusieron a los proyectos supuestamente ambientalistas que, imponiendo proyectos de ecoturismo e investigación científica, han contribuido a despojar a los pueblos del control de sus territorios, recursos y conocimientos, al introducir mecanismos de bioprospección que terminan otorgando patentes y derechos de propiedad intelectual a grandes transnacionales sobre recursos que son propiedad de esos pueblos y de toda la humanidad. Reiteraron su derecho a la práctica de la autonomía en los hechos, valiéndose de sus formas propias de organización y del manejo de sus recursos naturales.

SON LAS TIERRAS DEL PUEBLO COCA

Como otra forma de defensa de su autonomía, los comuneros de Mezcala elaboraron y prepararon en 2008 un estatuto comunal. Reclaman ser un antiguo pueblo presente allí desde inmemorial tiempo. Remiten al título primordial, por el cual se ostentan como legítimos dueños de las aguas, tierras, montes, cerros y de la isla. Enfatizan que por ninguna ley, persona o gobierno, pueden ser despojados, pues son absolutos dueños con legítimos derechos para siempre. El estatuto está basado en los principios que protegen las tierras, territorios, isla y recursos naturales de la comunidad indígena, que rigen su organización comunal, agraria, social y económica, y que establecen las bases para el funcionamiento de las propias instituciones que, en conjunto, integran el gobierno tradicional de la comunidad.

Pertenecen al pueblo Coca en los términos del Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas en países independientes. Son indígenas por descender de poblaciones que habitaban en el país en la época de la Conquista, y por conservar sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas. Aplican sus usos y costumbres o su derecho consuetudinario observando los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico nacional e internacional y respetando el espíritu general de las leyes. Participan en la utilización, administración y conservación de los recursos que se encuentran en sus tierras. Y conservan las modalidades de transmisión de los derechos sobre las tierras propias de la comunidad.

MONTES, ARROYOS, CERROS,
PLANTAS, ANIMALES...

La forma de organización de este pueblo es la comunal, con una asamblea general de comuneros como máxima instancia de decisión de la comunidad. Desde la antigüedad y hasta el presente hacen uso de la tierra y de las aguas de manera colectiva para beneficio de toda la comunidad. Según sus leyes, hacen prevalecer el interés de toda la comunidad sobre los intereses particulares, propician el desarrollo de la comunidad a partir del desarrollo de todos sus integrantes, conservan la unidad social e identidad como comunidad a través de la protección y fomento de todas sus instituciones propias, con especial énfasis en sus fiestas principales, monumentos históricos y arqueológicos, costumbres e historia. Defienden como propios los bienes comunales que les fueron reconocidos y confirmados por la resolución presidencial publicada en agosto de 1971, así como las tierras que poseen desde tiempo inmemorial y que les fueron reconocidas legalmente por el gobierno colonial español en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Las tierras de propiedad de los comuneros de Mezcala gozan de una protección especial que las hace inalienables, imprescriptibles e inembargables y junto con las tierras y la isla de Mezcala, la comunidad es propietaria de todos los recursos naturales existentes dentro de las mismas.

Remitiéndose al artículo trece del Convenio 196 de la OIT el territorio de esta comunidad consiste en la totalidad del hábitat de la región que ocupa o utiliza y esto incluye tierras, montes, aguas, arroyos, ojos de agua, lugares sagrados, cerros, valles, llanos, lomas, barrancas, plantas, hongos, animales, milpas, caseríos, magueyales, piedras y demás recursos utilizados comunitariamente, por lo que se establece que será nulo de pleno derecho cualquier parcelamiento de las zonas boscosas comunales.

DEFENDER LA ECOLOGÍA

Hay plena conciencia de la necesidad de defender la ecología del lugar. En el Convenio se establece que todas las actividades que la comunidad realice para la explotación, uso y conservación de sus recursos naturales deberán procurar su aprovechamiento sustentable, el equilibrio ecológico, la preservación y protección del ambiente, de los ecosistemas y de la biodiversidad, así como garantizar la plena autonomía del núcleo comunal en el manejo de esos recursos. Asimismo, en todo aprovechamiento que se haga de los recursos naturales propiedad de la comunidad se considerará el tipo de protección que tengan, los criterios ecológicos vigentes, el posible impacto ambiental, los instrumentos y políticas en materia de ordenamiento ecológico y la vocación natural de los recursos a explotar.

Considerando la relación especial que desde tiempos ancestrales la comunidad ha guardado con todo su territorio, las plantas, hongos y animales que se encuentran dentro del territorio comunal gozan de protección especial y se consideran indispensables para satisfacer las necesidades de la comunidad. Las tierras de uso común no pueden otorgarse a un solo comunero y estarán bajo cuidado y administración del comisariado de bienes comunales y del consejo de vigilancia, con el fin de garantizar el interés comunal y para que ninguna persona ajena a la comunidad use y disfrute de ellas. Está prohibida la privatización, renta o venta de los ojos de agua, presas o bordos. Y nadie puede emplearlos para uso personal, sino comunitario.

“NUESTRO PUEBLO
VIENE DE TIEMPO ATRÁS”

Una amenaza sobre la tierra comunal tiene que ver con el intento de las autoridades del Municipo de Poncitlán para imponer un Plan de Desarrollo Urbano de Mezcala, por el que se busca que los del gobierno se adjudiquen el derecho a decidir el uso y disfrute de estos terrenos, sin haber consultado al pueblo ni haber pedido permiso a la asamblea de la comunidad.

Otro escollo que han encontrado los indios cocas de Mezcala es que, por haber perdido su lengua y vestimenta, las autoridades de Jalisco no los quieren reconocer como pueblo indígena. Esto lo ven ellos como otro ataque al pueblo y afirman que no necesitan ese reconocimiento legal para seguir siendo lo que en verdad son.

La gente de la comunidad se ufana de ser indígena y de defender su tierra y su autogobierno, y de no haber perdido su memoria histórica. La mayoría de los jóvenes están con los ancianos, y la comunidad subraya que para sentirse indígenas basta con que el pueblo sepa que lo es y defienda esa identidad.

En mayo de 2008 la comunidad de Mezcala se dirigió a los Comisionados de las Naciones Unidas para los Derechos de los Pueblos Indígenas para informarles que compartían la mala condición de los pueblos indios en México, tanto por el olvido como por los abusos del Estado mexicano. Informaron también que a su comunidad el Estado mexicano no la reconocía como pueblo Coca aduciendo que el pueblo Coca se había extinguido, puesto que ya no permanecía ni su lengua ni su indumentaria.

NO CORTARÁN NUESTRAS RAÍCES

La comunidad de Mezcala refutó así esos razonamientos: “Nuestro pueblo, nuestros mayores se ríen de las palabras del gobierno, pues no necesitamos su aprobación para decir a nuestros hijos y a la población en general, que nuestro pueblo viene de tiempo atrás y que lo que tenemos, nuestro territorio, nuestras islas, nuestro bosque, nuestras autoridades tradicionales, nuestras danzas, fiestas, costumbres son la herencia de nuestros antepasados”.

La Comunidad de Mezcala también planteó a la ONU la situación de peligro en que estaba el corazón de su comunidad, el fuerte símbolo de su historia de resistencia. En torno a la isla ponían en la discusión otro importante elemento: los planes gubernamentales pretendían borrar el origen de la isla y desconocían que en ella desde tiempos inmemoriales se adoraba a Ytzollanlzintzi. Mientras el gobierno quería remozar las piedras, la comunidad “veía la memoria, la palabra, la sangre de sus antepasados”. Los indios de Mezcala se quejaban de que las autoridades se burlaran de la historia del pueblo, pero advertían que mientras el gobierno, con fuerza y poder, cortaba hojas, ramas y hasta parte del tronco, olvidaba que las raíces eran las que daban fuerza y vida a la comunidad.

TALLERES PARA LA MEMORIA,
Y CONSULTAS CON LOS AUSENTES

En septiembre de 2008 los comuneros proseguían en sus luchas en defensa de su territorio comunal ante invasores o prestanombres. Sabiendo la importancia de mantener la memoria histórica de la comunidad, hacían talleres para reforzar entre todos los habitantes de la comunidad esa memoria, desde los más viejos hasta los niños. Los comuneros proponen que la comunidad de Mezcala debe hablar y hacer sus libros. También han estado realizando un inventario de flora, fauna y recursos naturales y preparando un video para difundir la vida de la comunidad. Y como la mitad de los viejos comuneros ya han muerto, impulsaron un proceso para renovar a los comuneros, recibiendo a decenas de jóvenes.

En la comunidad se ha mantenido una cuidadosa articulación con los llamados hijos ausentes, los migrantes en Estados Unidos. El crecimiento de la población y la contaminación de la laguna ha incrementado la migración, especialmente hacia el Norte. Los migrantes mandan remesas, utilizadas para la construcción de casas en la comunidad, y permanecen unidos por la principal fiesta religiosa, la de la virgen de la Asunción. La “organización de hijos ausentes” se encuentra muy ligada a la estructura comunal.

Siguiendo la regla zapatista de “caminar preguntando”, han incorporado a toda la población en la dinámica de defensa de su autonomía y en septiembre de 2008 iniciaron una consulta entre la población residente en Mezcala y los hijos ausentes para analizar todos los problemas que viven en la actualidad.

“NUESTROS MUERTOS RONDAN
Y SUSURRAN”

Los comuneros de Mezcala tienen ante sí lo que les ha sucedido a otros ejidatarios de los pueblos vecinos de la ribera del lago, sobre todo en Chapala y Ajijic. Ante la presión del turismo capitalista, que les lanza el señuelo de tener empleos, comunidades vecinas han ido vendiendo sus tierras y ahora son sirvientes mal pagados de foráneos y extranjeros en las que fueron sus propias tierras. Los de Mezcala no quieren repetir ese error. La mayoría quiere conservar la libertad de la comunidad, aunque hay algunos pocos que se deslumbran con el dinero que se les ofrece.

Pero la estructura comunal sigue siendo fuerte y un freno para el desmembramiento de la comunidad. Los comuneros han denunciado reiteradamente las intenciones de autoridades y particulares. Han recordado que sus muertos están angustiados al ver los engaños, tanto de funcionarios como de académicos, que prometen un progreso que excluye a los habitantes del lugar, verdaderos dueños de él. Los viejos del pueblo dicen que los luchadores muertos hace doscientos años andan ya rondando y susurran a los oídos de los vivos: “Recuerden que son ustedes nuestros hijos, griten que nuestra historia no ha terminado”.

CON ELLOS Y COMO ELLOS

Mezcala tiene experiencia de resistencia en lo local ante la irrupción foránea de los de arriba y ante la globalización neoliberal. Esta resistencia ha sido históricamente exitosa frenando las pretensiones gubernamentales de actuar sin permiso del pueblo. Los indios de Mezcala son conscientes de que tienen detrás de sí el respaldo de muchos siglos. A la orilla del lago más importante de México, siguen en búsquedas anticapitalistas y en una larga lucha por su autonomía.

Como los comuneros de Mezcala, en muchos rincones de México hay pueblos indios, campesinos, pobladores de barriadas, grupos de jóvenes, de mujeres, que desde su vida cotidiana están con ellos, y como ellos también en búsqueda para liberarse de los moldes impuestos por el Estado y el capitalismo.

INVESTIGADOR DE CIESAS OCCIDENTE. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN MÉXICO.